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Pilares sin salchichas

OPINIÓNACTUALIZADA 11/10/2021 A LAS 05:00
Longaniza de Aragón para el Jueves Lardero
'Pilares sin salchichas'
HA

Hace justo un año estaba en un supermercado de Madrid comprando melocotones de Calanda y tomates de Barbastro. 

También andaba por las carnicerías del barrio para ver si alguna tenía longaniza aragonesa y ternasco pero me respondían con ofensas como: "Aquí a la longaniza la llamamos salchicha blanca" o "lo que tú quieres es cordero lechal". Yo les decía que no pero claro, al no ser del gremio, se ponían insistentes y como soy de los clientes que no se quejan hasta que no va Chicote con ‘Pesadilla en la cocina’, en una de esas me acabé llevando una ristra de salchichas a casa porque ya no sabía cómo negarme. Son colapsos cuando estoy en el súper que me llevan a cosas rarísimas; como el día que hice la primera compra para E. y para mí cuando nos mudamos y aparecí por casa con una bandeja de champiñones, otra de pasta, un sobre de pavo y un bote de insecticida. Admito que ese día a E. se le descompuso más la cara que cuando aparecí con la ristra de salchichas como el que se encuentra una pulsera en la calle.

El caso es que iba a ser el Día del Pilar, había una pandemia, no había vacunas ni venta libre en farmacias de autotest covid-19, y un estado de alarma aplicado a la Comunidad de Madrid me impedía salir de la ciudad. Eso, por supuesto, no iba a impedir que yo celebrara la fecha. Vale que no había Ofrenda a la Virgen, ni vermú en los aledaños de la calle Alfonso, ni esa imagen extraña y anacrónica que siempre me ha parecido el Vips de la plaza de Aragón cuando se llena de baturros comiendo platos con nombre inglés. No estaban mis padres ni mi hermana, ni las jotas por megafonía, ni vasos de plástico por el suelo ni el acento cantarín. Estaba E., que es un anzuelo a la parte más sensible del cariño; también lo que había podido recolectar para pintar de Aragón la mesa del comedor; y una botella de un Cariñena de esos contundentes en boca pero que se olvidan de la garganta.

Así que un año después, Semana Cultural mediante o como los quieran llamar, vivo esperanzado y cauto estos Pilares a los que pienso viajar libre y feliz, sin salchichas blancas ni cordero lechal, a un Aragón que resurge y acoge, y al que valoro volver no solo por lo que no me arrebata el tiempo sino por lo que me hace sentir desde una distancia que aprendí que a veces puede ser insalvable.

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