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Cartas al director de HERALDO: Fomentar el aprendizaje en tiempos de pandemia

Por
  • Cartas al director
OPINIÓNACTUALIZADA 11/10/2021 A LAS 05:00
Alumnas de infantil del CEIP Tío Jorge de Zaragoza, en su primer día de regreso a las aulas.
'Fomentar el aprendizaje en tiempos de pandemia'
Toni Galán

Fomentar el aprendizaje en tiempos de pandemia

Desde la cercanía a las aulas, por mi trabajo de docente hasta hace dos años, me gustaría lanzar una propuesta en defensa de la calidad de enseñanza en circunstancias en las que la pandemia de la covid-19 sigue entre nosotros y, de momento, no se puede prever el retorno a la normalidad. 

A lo largo del curso pasado, en los centros educativos se llevaron a rajatabla los protocolos para hacer de la enseñanza presencial una realidad. Las medidas adoptadas ayudaron a frenar los contagios, mientras se seguía adelante con la escolarización, protagonizando uno de los grandes éxitos de la gestión de la pandemia, un éxito que fue fruto del buen hacer de los profesores, así como de otros miembros de la comunidad educativa. La implementación de plantillas y la reducción de alumnos por clase fueron una solución para mitigar el riesgo de infectarse con este virus, al tiempo que fue posible atender mejor las necesidades del alumnado, velando por una mayor calidad en su formación. No entiendo por qué durante este curso que acaba de comenzar, en el que los escolares siguen sin ser vacunados, ya que por ahora no se ha aprobado una vacuna para menores de 12 años, se tienen que volver a llenar las aulas como se hizo en años anteriores a la pandemia. Cabe la posibilidad de que se genere una sexta ola que vaya de niños a adultos. Además, he leído que bajar las ratios, ayudando a los docentes a tener una dedicación individual y más cercana hacia sus alumnos, forma parte del cambio curricular que se está preparando en el Ministerio de Educación. Señores gobernantes, ¿a qué vamos a tener que esperar para que esto se haga realidad?

Gema Abad Ballarín. REUS

Los asesores lingüísticos

Soy madre de una niña de 9 años. Cuando tuve que elegir colegio, no lo dudé un segundo, elegí el CEIP Las Anejas de Teruel por el sistema de bilingüismo que ofrecía. Como yo, hay familias que han dejado atrás su casa, su pueblo y el colegio donde comenzaron los estudios sus hijos por ese mismo motivo. Este centro tiene experiencia en bilingüismo desde hace 25 años. Se comenzó con el modelo British Council con seis asesores lingüísticos y hace unos años se cambió al Modelo Brit y se aseguró que se mantendrían la misma calidad y el número de asesores, no disminuyendo a cuatro. En julio, se decidió, por parte del Departamento de Educación del Gobierno de Aragón, no ofertar la vacante de asesor que se había producido en nuestro colegio, eliminando uno de ellos. Los alumnos de este colegio salen al terminar Primaria con una competencia oral y escrita de elevada calidad, gracias al trabajo de los asesores, que no solo apoyan y asesoran a los tutores, sino que dan las clases completamente en inglés y son los que posteriormente evalúan a los alumnos. Como curiosidad, hay alumnos que no saben que esos profesores también hablan español. Al disminuir el número de asesores lingüísticos se verá mermada esa calidad en la enseñanza. Quiero aprovechar para dar las gracias a los miembros de la AMPA de nuestro colegio por coordinar a los padres y organizar acciones y actividades para que todo esto se sepa y conseguir el asesor que nos han quitado y evitar que nos quiten otro más. Dar las gracias a los asesores lingüísticos, porque aunque su función es apoyar y orientar a los tutores, no están realizando bien su trabajo, ya que ellos dan la clase en su totalidad en inglés, dialogan con los alumnos y los evalúan. A mi parecer, no es que estén haciendo mal su trabajo, sino al revés, lo están haciendo mejor de lo que deberían y eso se ve en los resultados. Gracias al pleno del Ayuntamiento de Teruel por sumarse a la reivindicación del AMPA con su declaración institucional del 23 de septiembre. Y por último, quiero dar un tirón de orejas a quien corresponda por esta situación, porque mucho hablar de la España vaciada pero si lo poco que tenemos bueno nos lo quitan, ¿qué futuro les espera a los futuros turolenses y aragoneses, nuestros hijos?

Consuelo Dobón Sáez. Teruel

Confianza en la banca

Los ahorradores se lanzan en masa a sacar su dinero del banco –pánico financiero– por falta de confianza. La Bolsa cae a mínimos. Como en las grandes crisis se produce un infarto en el sistema y la sangre –el dinero– no fluye bien por las arterias financieras. Las expectativas son pesimistas y hay una gran incertidumbre. ¿Puede darse este escenario hoy? Parece que no hay peligro de colapso, porque la crisis del 2008 nos ha enseñado a crear controles para evitar otra peor. Los bancos se preparan, en medio de la revolución digital, con fusiones, cierre de oficinas, regulaciones de empleo, provisiones, no repartiendo dividendos y aumentando las comisiones, como la injusta comisión de mantenimiento, ya que el tipo de interés es tan bajo. Pero, claro, como en el resto de los sectores en competencia, las empresas buscan su permanencia en el mercado y maximizar el beneficio, sirviendo a la sociedad, porque su misión es imprescindible y necesitamos bancos fuertes y directivos honrados, que vuelvan a su labor callada y rutinaria, sin polémicas ni escándalos. Recuperar la confianza en la banca es cosa de todos y nos beneficia a todos.

Javier Pueyo Usón. Zaragoza

El otoño y el acebo

Cuenta una antigua leyenda que en un bosque de hayas, enebros, chopos y arces llegó don Otoño. Solícitas, esperando a que les dejase su rico presente en la palma de la mano, todas las hojas de aquella arboleda acudieron alegres y risueñas a recibirlo. Todas, menos algunas. Cuando se presentó don Otoño en el cerro, como todos los años fue depositando una moneda para que cada una se comprara el traje que más a juego fuera con el tipo de árbol al que pertenecía. Y a todas repartió, menos a algunas que no querían cambiar, estaban bien así. Cuando don Otoño se marchó, ilusionadas, todas corrieron a la tienda para comprarse su vestido. Y al ponerse cada una su atavío, toda la colina era una fiesta. Y cuando el sol penetraba en la arboleda a través de las hojas, era como una sinfonía de tonos terrosos. Todo era algarabía en aquellos días. Todo era derroche. Hasta que un día todas las hojas empezaron a caerse al suelo, secas, tristes, quebradizas. En el suelo yacían todas apelotonadas de cualquier manera. Y los animales las pisoteaban. Y cuando soplaba el viento, unas se iban para aquí y otras para allá. Todos los árboles quedaron desnudos. Todos, menos uno. Y sus hojas eran de un verde profundo y hermoso. Y tenía infinidad de preciosas bolitas rojas. Y este se sentía jubiloso mientras que los demás estaban afligidos y desconsolados.

Venancio Rodríguez Sanz. Zaragoza

Las cartas al director no deben exceder de 20 líneas (1.500 caracteres) y han de incluir la identificación completa del autor (nombre, apellidos, DNI, dirección y teléfono). HERALDO se reserva el derecho de extractarlas y publicarlas debidamente firmadas.

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