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Historia, memoria y olvido de Joaquín Costa

Por
  • Ignacio Peiró Martín
OPINIÓNACTUALIZADA 13/09/2021 A LAS 05:00
Joaquín Costa nació en Monzón el 14 de septiembre de 1846, como recordaba esta placa
Joaquín Costa nació en Monzón el 14 de septiembre de 1846, como recordaba esta placa
Heraldo

¿Estamos saturados de Costa? ¿Ha envejecido su figura en la última década? La cuestión puede resultar poco pertinente cuando las siguientes líneas pretenden recordar el 175 aniversario de su nacimiento en Monzón, el 14 de septiembre de 1846. Lo cierto es que las celebraciones centenarias resultan indicativas de las oscilaciones en la cotización de los grandes personajes históricos, del alza de su recuerdo, pero también, de los niveles de indiferencia memorial e incluso de su caída irremediable en el limbo del olvido. En la bolsa de la fama de 2021, algo de esto último parece estar sucediendo con la imagen pública del polifacético altoaragonés.

En realidad, en el actual mercado de la globalización y el consumo, difícilmente pueden competir las pasiones intelectuales de los sabios de antaño, la creatividad de los antiguos ‘héroes de la cultura’ (de las letras, las artes y las ciencias), el compromiso cívico de los viejos reformadores sociales o las virtudes democráticas de los legisladores del ayer. Como apuntó el maestro Steiner, en el presente estamos familiarizados con unos índices de admiración regidos por el valor de lo material, el culto a la vulgaridad y la inmediatez. Un incierto mercado de la popularidad donde, solo en momentos puntuales, se abren paso hacia arriba los hombres y mujeres del pasado liberal que adquirieron la gloria póstuma al protagonizar las ceremonias de las ‘cenizas ilustres’ y los ritos de los aniversarios en las culturas nacionales contemporáneas.

Conmemoraciones. Con el precedente del 150 aniversario natalicio de 1996, la memoria de Joaquín Costa y Martínez triunfó en 2011. Durante todo el año se celebró el centenario de su muerte en Graus, el 8 de febrero de 1911, que tuvo su epílogo, cuatro días después, con la multitudinaria manifestación de duelo de la ciudadanía zaragozana y su entierro en el cementerio de Torrero (ilustrado por las fotografías de Luis Gandú y Aurelio Grasa, aparecidas en HERALDO DE ARAGÓN, ‘El Diario de Avisos de Zaragoza’ o el ‘ABC’). Para la ocasión, las instituciones conmemorativas estatales y autonómicas convergieron en sus políticas del pasado y usos públicos de la historia mediante el diseño de un amplio programa de actividades que culminaron con la estelar exposición ‘Joaquín Costa: el fabricante de ideas’. El éxito de la muestra se sucedió en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y en la Sala Recoletos de la Biblioteca Nacional de España en Madrid.

Vale la pena recordar aquí que la coyuntura era muy favorable: en primer lugar, porque aprovechó los últimos coletazos del gran momento conmemorativo hispano. Un largo ciclo de prodigalidad económica y reevaluación de la cultura histórica española, abierto en la década olímpica con los fastos del Quinto Centenario del Descubrimiento de América y cuyo punto culminante se alcanzó con los bicentenarios de la Guerra de la Independencia de 2008 y el de la Constitución de Cádiz de 2012. Dos años más tarde, llegaría el turno de las celebraciones catalanistas de 1714, que transformarían las agendas memoriales de las ‘naciones’ del Estado y acelerarían los procesos de politización de la historia española.

"Las ideas del notario montisonense han dejado de ser atractivas para los políticos del presente, para la sociedad civil e incluso para los historiadores"

Pero había algo más. En el plano del pensamiento histórico y la función social de la historia, en 2011 se dio una feliz coincidencia entre el tiempo oficial de la celebración y los ritmos temporales de la investigación profesional. De hecho, la recuperación de las figuras mayores de la regeneración finisecular se convirtió en un campo de trabajo específico de la primera historiografía democrática española. En particular, preocupados por desmitificar y reconstruir con rigor la vida y la obra de ‘Joaquín Costa, el gran desconocido’, como rezaba el título pionero del hispanista británico George J.G. Cheyne (1972), en los siguientes cuarenta y cinco años, la práctica de varias generaciones de investigadores consolidó la rama de los estudios costistas. Una larga lista encabezada por los nombres de Alberto Gil Novales y Eloy Fernández Clemente, acompañados por José-Carlos Mainer, Carmelo Lisón, José María Serrano, Carlos Forcadell, Santos Juliá, Alfonso Ortí o Cristóbal Gómez Benito, entre otros. De todo este círculo de especialistas universitarios, destaca Juan Carlos Ara que, a día de hoy, sigue empeñado en mantener en alto el ‘espíritu de Costa’ como editor de sus textos autobiográficos y como director de la refundada ‘Revista Joaquín Costa’.

Y sin embargo… en 2021, tenemos la impresión de que la fortuna de Costa se ha diluido en el magma de la conciencia histórica y la cultura de la memoria del presente. En este decenio las cosas han cambiado mucho. La desaparición de la Fundación familiar y el hecho de que solo unas pocas novedades se hayan sumado a la bibliografía costista resultan reveladores de su decadencia como pensador político y moralista y de cómo, una vez más, su celebridad se ha vuelto remota (apenas proyectada en unos cuantos rótulos callejeros o en los pedestales de un puñado de esculturas).

"Tenemos la impresión de que la fortuna de Costa se ha diluido en el magma de la conciencia histórica y la cultura de la memoria del presente"

Por así decirlo, en tiempos de incertidumbres pandémicas, continuos sobresaltos monárquicos y ‘verdades alternativas’ sobre las corrupciones de los partidos, las ideas del notario montisonense han dejado de ser atractivas para los políticos del presente, para la sociedad civil e incluso para los historiadores (implicados en agotadores debates sobre la ‘superación del pasado’ y la ‘historia revisionista’ que distorsiona deliberadamente los ‘hechos’ históricos irrefutables para servir ideológicamente a una agenda política particular).

En fin, ‘en este valle de lágrimas’, aparte de los costistas más ortodoxos, los eruditos parasitarios de todas las celebraciones y algún memorioso periodista ¿a quién interesa en 2021 rememorar a Costa? Por lo demás, seamos sinceros ¿alguien de ustedes querría tener como compañero de aniversario al oceánico Francisco de Goya y Lucientes?

* Ignacio Peiró Martín/Universidad de Zaragoza

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