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Cartas al Director: "Algunas lecciones de Afganistán"

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 31/08/2021 A LAS 05:00
Evacuación en el aeropuerto de Kabul.
Evacuación en el aeropuerto de Kabul.
Efe

Ahora todo son lamentos por la población afgana. Ahora nos acordamos de la dignidad humana. Por el camino, miles de vidas de soldados occidentales. Pasemos del golpe de pecho al análisis racional y aprendamos de los errores. 1- Occidente está en retirada, Europa pinta muy poco y España es insignificante. La UE está muy verde, los valores que se mencionan no se evidencian en acciones reales. 2- El dinero no lo puede todo. La Unión Soviética creyó que podría controlar Afganistán. Occidente tomó el relevo y apostó por comprar voluntades. China opta ahora por convencer a los talibanes de que les pagarán bien la explotación de minerales. Europa está gestionando fatalmente la entrada de inmigrantes, chantajeada por Turquía, Marruecos, etc. 3- Sociedades enfermas. Los síntomas: envejecimiento, desierto demográfico, dudosa moralidad y relativismo. Nuestra ociosa juventud noctámbula acepta ser confinada, mantenida con ERTE, engañada con propaganda, devaluada en sus estudios, maltratada laboralmente, anestesiada por el hedonismo, pero se rebela por no disfrutar del botellón. 4- No basta con el bienestar. Erraremos si pretendemos exportar nuestras democracias a culturas cuyos valores son los contrarios; si nos encastillamos en un bienestar insostenible. Por qué no avanzar en una educación sólida, exigente, que busque la excelencia de valores humanos. Por qué no fomentar la Historia y las Humanidades, que nos constituyen, en vez de dejarnos llevar por endebles y absurdos revisionismos históricos. 5- ¿Y la ONU? El desprestigio de esa organización va en aumento. Millones de dólares, miles de funcionarios, decenas de publicaciones y cero acciones efectivas. Cascos azules desteñidos, corrupción, parálisis política. Hagamos pues caso del adagio, «el fracaso es la base del éxito».

Pablo Rivero San José ZARAGOZA

Encerrados en la estación de Goya

Soy usuario asiduo, puesto que no conduzco, del tren que va a la zona de Calatayud. Retrasos, cambios de convoy, averías, trenes viejos llenos de pintadas, apeaderos sin protección ni servicios, estaciones cerradas en total abandono, todo esto es el día a día en nuestros pueblos. Como no hay estación, no hay billete. El revisor es quien te cobra dentro del tren y te da el billete si le da tiempo; si no, llegas a la estación de Goya, en Zaragoza, como es mi caso, sin billete. En Goya hay tornos para salir a la calle y para mi estupor estaban bloqueados, impidiendo la salida de los pasajeros; solo podías salir si tenías billete. Conclusión: una trabajadora nos retuvo dentro y nos dijo que si no pagábamos el billete no salíamos. Eso se tradujo en una espera de más de quince minutos hasta que se dignó a cobrarnos el billete y nos dejó salir a la calle. Y ese tren ya traía un retraso de media hora.

Jesús Delgado Alejandre

Zaragoza

La responsabilidad de un fracaso

A lo largo de la historia, nunca algo tan etéreo como es la fe en una determinada creencia ha causado tanto daño. Cuando se mata en nombre del islam, del cristianismo o de cualquier otra de las religiones, no lo hacemos en base a algo que está escrito, lo hacemos porque la condición humana es así. El islamismo radical es pretexto para robar, matar y luchar por el poder político. El avance fulminante de los talibanes ha derrumbado Afganistán sin ninguna oposición del ejército ni tampoco de los aliados al gobierno afgano, la llamada coalición de Occidente. Coalición liderada por Estados Unidos que ha mantenido durante estos veinte años a presidentes con votaciones fraudulentas y gobiernos despóticos, en los que las mujeres también han seguido privadas de muchos de sus derechos. Hoy, aliados, gobierno y presidente, este con los bolsillos llenos, han huido de la quema dejando a la población afgana sumida en el caos. El retorno del islamismo radical volverá a producir humillaciones a las mujeres, volverán las palizas a manos de la policía religiosa, las ejecuciones públicas, mujeres apedreadas por adulterio, obligadas a cubrirse el rostro mientras sus hijas permanecerán fuera de la educación. En esta crisis hay un responsable, la comunidad internacional. Apoyar a gobiernos tribales, en continua guerra civil durante estos años, era desnudar un santo para vestir a otro, los resultados están a la vista.

Daniel Gallardo Marín

GARRAPINILLOS (ZARAGOZA)

Salir a la fresca

Leo que se pretende que la costumbre de juntarse para hablar y tomar el fresco en las noches de verano sea declarada ‘patrimonio de la humanidad’; y me hago algunas preguntas. Por ejemplo, ¿se cobrarán tasas municipales por ocupación de la vía pública a quienes salgan ‘a la fresca’ con su silla? A fin de cuentas la calle es de todos y otros usos privados, como aparcamiento, estaciones de bicis y patinetes o terrazas, ya pagan por ello sus impuestos. ¿Habrá un límite de hora para las charlas? Porque los demás vecinos tienen derecho a descansar sin que les den la murga debajo de la ventana. Si alguno se baja de casa una cervecita, ¿será ‘tomar la fresca’ y por tanto patrimonio de la humanidad o habrá que considerarlo botellón y por tanto estará prohibido?

Luisa Cantil López

ZARAGOZA

Intercambio de dones

El don nos ha sido concedido , así como el talento, la intuición y la inspiración, el artista trabajará pero una parte de su creación le es dada. Como diría Lawrence, «yo no, yo no, sino el viento que sopla a través de mí». El don interior se acepta como objeto de su labor y el don exterior se convierte en vehículo de cultura. Por eso los dones del mundo interior han de ser aceptados como tales en el mundo exterior, los dones son capaces de transformar el alma de un modo que no está al alcance de los simples bienes de consumo. La obra de arte es un don que puede sobrevivir sin el mercado, pero donde no hay don no hay arte. La obra de arte ¿es una mercancía con valor monetario o es el don al que no se le puede poner un precio vinculando su libertad? Veamos al artista que ha elegido dedicarse a un don, ¿podrá sobrevivir en una sociedad dominada por el intercambio mercantil?, ¿cómo se alimentará el artista espiritualmente y materialmente? Para ello la sociedad ha impuesto las actuales leyes de propiedad intelectual, el artista, el creador conserva el derecho a controlar quién pueda reproducir su obra, percibiendo por ello una parte del precio de venta, de lo que se pueden beneficiar también sus herederos durante un tiempo, siendo después esta obra de dominio público. Y aquí entroncamos con internet, al que se le exige gratuidad, pero ¿y quién pagará los salarios de los que lo hacen posible? El intercambio de dones exige reciprocidad, no existe una invitación a comer que sea totalmente gratis.

José Vicente Domeque Goya

zaragoza

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