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Cartas al Director: "Un futuro incierto"

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  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 27/08/2021 A LAS 05:00
La retirada de los estadounidenses deja a los afganos a su suerte.
La retirada de los estadounidenses deja a los afganos a su suerte.
Donald R. Allen / Reuters

El repliegue estadounidense de Afganistán ha llegado a ser catalogado como el ‘Vietnam del siglo XXI’, en relación con la retirada norteamericana del país asiático en 1975. ¿Es una comparación correcta? En parte sí y en parte no. Ambos conflictos han sido los más largos en los que Washington ha estado involucrado y el fin de los dos, el mismo, por mucho que quisiera evitarlo la administración Biden: si en abril de 1975 helicópteros estadounidenses realizaban precipitadas operaciones de evacuación sobre los edificios de Saigón, lo mismo ocurría este mes de agosto en Kabul. Sin embargo, hay ciertos contrastes: la causa del conflicto vietnamita era la lucha contra un Norte comunista, mientras que en el afgano la motivación fue antiterrorista y la de liderar una democracia bajo amparo occidental. Tras la salida de Estados Unidos de Vietnam, se creó una república más o menos unida; en Afganistán, el peso de las tribus y la religión es mucho mayor. Estados Unidos perdieron Vietnam pero se enorgullecieron de haber puesto fin a la Guerra Fría, ahora han perdido Afganistán y abierto la puerta a un futuro incierto en la región.

Alejandro Bello Soriano

ZARAGOZA

Lamentable deriva

Mi abuelo Dionisio, lector irredento, solía decir: la última esperanza de la humanidad está en la cultura. Mi abuelo era un hombre sabio que llevó una vida auténticamente dura. Vivió tres guerras, dos de ellas mundiales, la hambruna de la guerra civil y la posguerra y una dictadura de cuarenta años. Desde la Constitución del 78 hasta nuestros días no encuentro ningún gobierno en España que haya comprendido la importancia que tiene la educación. Una importancia vital en la que nos jugamos, ni más ni menos, la supervivencia de la sociedad. Ni el gobierno actual, ni los que lo han precedido ni, me temo, los que lo vayan a suceder han mostrado el menor interés por lo que debería ser el bien más preciado de un pueblo. Cuando mi abuelo decía esas cosas, yo era un niño, no entendía bien lo que quería decir, pero lo intuía. Nuestros gobernantes ni lo entienden ni lo intuyen. Ni les importa. En su deriva demente hacia los planteamientos de eso que llaman ‘perspectiva de género’ han supeditado la cultura, el saber, la ciencia, el esfuerzo por aprender o el placer de saber algo que ayer ignorabas, a sus intereses políticos, a su indigencia intelectual y a su ignorancia supina. La exministra Celaá y la ministra de Igualdad son las ‘misándricas’ mayores del reino y no les importa nada que no sean sus intereses plasmados en eslóganes y frases vacuas. Con la última propuesta del Ministerio de Educación hemos llegado al penúltimo despropósito, digno de ser representado en el Club de la Comedia: las Matemáticas bajo la perspectiva de género. A partir de ahora los profesionales de la docencia van a tener que hablar de ‘números y númeras’, de ‘fórmulas y fórmulos’, de ‘teoremas y teoremos’. Y la Tabla periódica deberá tener ‘elementos y elementas’. ¿Les parece que estoy exagerando? Esperen un poco y verán.

Mariano Domingo

ZARAGOZA

Empatía y humanidad

He pasado tres días en el Hospital Clínico ‘Lozano Blesa’ con mi madre en estado terminal. En esas pocas horas, junto a María Pilar respirando las últimas bocanadas de vida y viviendo el esfuerzo que supone trabajar en la planta 13ª (la de la covid), con esas ropas y complementos tan incómodos y sofocantes (dos pares de guantes, dos pares de mascarillas, dos batas, un gorro y una pantalla de plástico en la cabeza), no he podido dejar de sentir la empatía y la humanidad de todo este personal, tanto con la enfermedad de mi madre como con mi sufrimiento. Todos han sido entrañables y maravillosos. Ha sido un verdadero placer, aún en esta triste circunstancia, haberles conocido. Estoy seguro de que mi madre hubiera empequeñecido el contenido de este escrito con su agradecimiento, pero, puesto que no es posible, les ruego reciban en su nombre y el mío propio la más sincera felicitación por su profesionalidad, respeto, cariño y comprensión en todo momento recibidos.

Francisco Lázaro Mainar.

Zaragoza

En favor del peatón

La realidad del peatón es la acera, pero la acera no es solamente para los peatones, ya que pasa igualmente gente con patines, patinetes y otros artefactos que son un peligro para el transeúnte. Cada vez hay mas zonas peatonales y eso esta muy bien, pero debería haber también más aparcamientos de todos los vehículos que circulan. Las normas son para cumplirlas unos y otros, pero el más débil siempre va a ser el peatón y se lleva la peor parte cuando hay un accidente. Reconozcamos la preferencia de los peatones, no solo en sus pasos, sino en el respeto y cuidado en el buen andar del que pasa, que es buena señal de todo caminante.

Menchu Gil Ciria

ZARAGOZA

A donde fueres, haz lo que vieres

Mi yaya, que vivió 90 años sin saber leer ni escribir y que tuvo que sacar a sus cuatro hijos adelante a base de trabajar, porque la casaron con un individuo con posibles para que su hermano se pudiera casar con una chica de posibles y el zángano la abandonó, con lo que tuvo que luchar sola toda su vida, y eso con la guerra civil de por medio, vivió sin embargo una vida feliz. Dejó el pueblo por la ciudad, trabajó mucho y era muy querida por todo su entorno. Era mucho de refranes y además del que ilustra el título también decía, «No se es de donde se nace, sino de donde se pace», con lo que venía a decir que hay que adaptarse al medio que te acoge.

Esta reflexión me viene a la cabeza con lo que está pasando en Afganistán. Veo con pena el problema de los refugiados y observo atónito a toda esa gente a la que estamos tratando de ayudar a encontrar una vida mejor y que, imagino, no piensan en abandonar ninguno de los hábitos con los que se han criado. En Zaragoza es normal encontrar personas de distintas etnias en cualquiera de sus barrios y se les reconoce fácilmente por sus atuendos y, por qué no decirlo, por hábitos que no tienen nada que ver con los de su lugar de acogida.

Me gustaría pensar que las nuevas generaciones nacidas en Occidente se integren totalmente y me alegro cuando mi nieto, de 14 años, me comenta que en su curso tiene una amiga que es musulmana pero come jamón y se escaquea ante los suyos en cuanto a las normas del Ramadán. Ojalá salvemos a miles de afganos y podamos acogerlos en nuestros brazos para que puedan tener una vida tan feliz como la de mi yaya. Y desde aquí les hago su recomendación, «a donde fueres, haz lo que vieres».

Pedro Calvet Gutiérrez

ZARAGOZA

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