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la columna

Abanicos y teteras

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 30/07/2021 A LAS 05:00
La falta de espacio en el quiosco, saca los coleccionables a la acera de la plaza de los sitios.
'Abanicos y teteras'
JOSÉ MIGUEL MARCO

Para esta fechas ya empieza el runrún. 

Ramón, mi quiosquero, es un tipo muy previsor y escudriña los setos, el pie de las farolas y otros lugares estratégicos sobre los que colocar "los cartones". "Aquí podría ir la colección de abanicos. Más allá los fascículos de piedras minerales. Los rosarios del mundo, por no ser sacrílego, los dejaré sobre el mostrador". Cada año la pesadilla de los coleccionables regresa con fuerza y, aunque ahora se llevan las ‘minicosas’ (miniteteras, miniaturas de coches, puntito de crucecita, minimenaje de miniHellominiKitty), cuando se juntan tropecientasmil colecciones, el volumen "de cartones" vuelve a ser maxi, mega, enorme.

Leo que las colecciones se componen de un mínimo de 60 números y suelen durar más de dos años. La primera entrega, la atractiva, cuesta 1,99, pero las siguientes ya pasan a 12,99. Hagan cuentas. Es probable que tengan que vender un órgano antes de comprarse todos los números de ‘Érase una vez el cuerpo humano’. Tampoco creo que sea buena idea hipotecar la casa para hacerse al completo con el miniportaviones ‘Saratoga’. Me pregunto cuál será la utilidad de disponer de 1.200 dedales (a servidor le faltan 1.180 dedos) y, sobre todo, qué hará el distribuidor si, de pronto, la colección de escarabajos y trilobites alcanza un éxito inesperado. ¿De dónde sacan tanto bicho? ¿Hay mayoristas de artrópodos extintos?

Aún conservo un trocito de Muro de Berlín que en 1989 regaló la revista ‘Superpop’. Era sospechosamente parecido a la montaña de escombros de la esquina de mi casa. Le tengo que preguntar a Ramón por aquello...

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