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La política como fraude

OPINIÓNACTUALIZADA 22/07/2021 A LAS 05:00
'La política como fraude'
'La política como fraude'
ISM

Unos días antes de caer, Iván Redondo, el todopoderoso ‘fontanero’ del presidente ‘pedro sánchez’ dijo: "Con el tiempo entiendes que todo es un fraude"

Esa frase la publicó en el diario ‘El Mundo’ el periodista Antonio Lucas en un extenso reportaje. Lo escribió tras pasar doce horas compartiendo una jornada de trabajo con el entonces jefe de gabinete, ahora defenestrado. La pieza no tiene desperdicio. Y ahí, esas pocas palabras esconden tanto o más de lo que dicen. A mí, desde que las leí, me hacen pensar y preguntar más allá del personaje y su barranco particular.

Y digo barranco recordando que, a finales del mes de mayo pasado, Redondo recalcó enfáticamente: "Lo primero que tiene que hacer un asesor es tirarse por el barranco por su presidente y yo lo hago. Aquí, ahora y mañana. Y lo siento, se lo voy a dejar clarito, ahí voy a estar con él hasta el final". En aquellos días su final y su barranquera estaban lejos. Hoy sus dotes para la propaganda, para la estrategia y para las relaciones se han quedado relegadas al paro. Eso sí, su sombra acompañará para siempre a ‘sánchez’. Una sombra que se ha convertido en motivo de apuestas. Unos auguran sorpresas cuando el tiempo permita cobrar lo que haya que cobrar. Otros se inclinan por lo contrario, el silencio y la lealtad perdurarán, pues es la única opción posible si quiere seguir viviendo de su negocio. En cualquier caso, tendremos que esperar sentados para ver pasar los cadáveres —políticos— que irán llegando.

Hemos aceptado que la mentira es un arma política y un mecanismo
para convencer a la ciudadanía

Mientras tanto, la idea de fraude asociada al ejercicio del poder, sigue rondando y resonando. Quizá porque dicha por este mercenario es más cierta que si la dice su cliente, ‘sánchez’. De este presidente nadie espera que su palabra sea duradera, coherente y consistente. Y eso es lo preocupante. Quizá sea injusto, pero desde fuera, en la distancia, este presidente en sí mismo es un fraude andante.

Entonces, ¿qué quiere decir con eso de ‘todo es un fraude’? El diccionario de la RAE recoge tres acepciones del término: "1. Acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete; 2. Acto tendente a eludir una disposición legal en perjuicio del Estado o de terceros; 3. Derecho. Delito que comete el encargado de vigilar la ejecución de contratos públicos, o de algunos privados, confabulándose con la representación de los intereses opuestos". Si tenemos que responder a la pregunta anterior, ninguna de las tres opciones tranquiliza. Y menos si está ligado al ejercicio del poder y a la gestión política desde las tripas del sistema.

Si el diagnóstico anterior se toma en serio, lo primero a señalar es la contradicción del enunciado. Como en la paradoja del mentiroso, cuando alguien dice que miente ¿nos está diciendo la verdad o qué? Pues aquí, algo parecido. Por eso, no todo es un fraude. Y esa es la ventana que hemos de abrir para ventilar la arena política española.

Pero lo que no es de recibo es
que el fraude se adueñe de la cosa pública

Son pocos los políticos que cumplen sus promesas electorales. Hemos aceptado la diferencia entre predicar y dar trigo. Hemos aceptado que una cosa son los ideales que se defienden desde la barrera y otra las responsabilidades cuando se gobierna. Damos por descontado que no es lo mismo lidiar con los problemas cara a cara, que juzgar a otros cuando los resuelven como pueden, quieren y saben. Hemos aceptado que la mentira es un arma política con la que se acuchillan quienes entran en la partida y un mecanismo para convencer a la ciudadanía. Y desde ahí, tragamos con ruedas de molino que no merece la pena ni mencionar. Pero lo que ya no es de recibo es que el fraude se adueñe de la cosa pública y que el diagnóstico de Redondo sea ineluctable.

Necesitamos salir de la crisis sanitaria, social, económica y política que nos ha traído la pandemia, camino de ser una sindemia donde los problemas se cronifican. Para cambiar de rumbo hace falta —más que nunca antes en nuestra democracia— reclamar la verdad y la coherencia en el uso público de la palabra. Basta de mentiras, de fraudes y de engaños. La política es también el lugar donde fraguar el bien común y lo hemos de recuperar.

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