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OPINIÓNACTUALIZADA 07/06/2021 A LAS 05:00
El precio de la luz se ha disparado.
El precio de la luz se ha disparado.
Oliver Duch

La covid-19 se acaba. Se percibe en la agenda política, que cada vez está escorando más la pandemia hacia otros temas: el precio de la luz, Villarejo o los aberrantes indultos a los políticos del ‘procés’ catalán. 

De todos ellos, el que más afecta (aunque curiosamente sin manifestaciones) es el precio de la electricidad, que ha llegado a máximos históricos y ha coincidido con la nueva factura de la luz por tramos que pretende cambiar nuestros hábitos de consumo. Son cosas de un Gobierno que se llama ‘sostenible’ en una suerte de izquierda que mana de clases acomodadas hacia la mayoría de ciudadanos, y que no termina de percibir que la sostenibilidad de un ciudadano pasa primero por sostenerse a sí mismo: pagar la compra, la hipoteca, el alquiler, el agua y la luz.

Toda esta moda de lo sostenible, que se adorna con la pegatina ‘Eco’ en los plátanos y en los coches, es una cosa necesaria pero aplicada a trompicones y muy pija. Les recomiendo que lean el libro ‘Los productos naturales, ¡vaya timo!’, del catedrático de biotecnología José Miguel Mulet; un ensayo plagado de datos y lenguaje didáctico para explicar cómo se fuerza una agricultura natural, de capacidad de producción ínfima para las necesidades del planeta, y que da la espalda a la ciencia y a sus soluciones seguras, provechosas y, ahora sí, sostenibles.

En España, el Gobierno de Sánchez ha activado una factura de la luz que baja el precio de la electricidad durante la madrugada y todo el fin de semana. Sin embargo, no ha dado orden a la Agencia Estatal de Meteorología de que no pongan el calor a la misma hora que tenemos sol, así que el aire acondicionado nos va a salir por un pico; y habrá que ver en invierno si no reaccionan y también ponen el frío durante el día. Y eso que ante el descontento general, salió la ministra Ribera a anunciar poco después un proyecto de ley para compartir el beneficio del coste del CO2 y bajar así «un 10% el precio de la luz». Una herramienta que, como ha pasado en Alemania, reducirá el uso de la energía nuclear y potenciará el uso de otras fuentes que incrementen el consumo de CO2. Así que nos quedamos con un proyecto de ley que es una promesa de abaratar la luz, una factura nueva que nos pide horarios imposibles, y un plan de futuro probablemente más contaminante.

@juanmaefe

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