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Recuerdo y homenaje

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  • EDITORIAL
OPINIÓNACTUALIZADA 07/05/2021 A LAS 05:00
Manuel Giménez Abad, fotografiado en enero de 2001.
Manuel Giménez Abad, fotografiado en enero de 2001.
José Miguel Marco

Veinte años después de su asesinato, la sociedad aragonesa mantiene vivo el recuerdo de Manuel Giménez Abad y le rinde homenaje. 

Sus virtudes políticas y personales no solo le granjearon el aprecio general de la ciudadanía, sino que constituyen hoy un ejemplo y un ideal. Aragón, que sufrió reiteradamente los zarpazos más crueles del terrorismo de ETA, debe arropar siempre a las víctimas y conservar su memoria frente a quienes todavía propugnan el odio

Aragón recordó ayer, con respeto y cariño, a Manuel Giménez Abad, que fuera presidente regional del Partido Popular y al que asesinos de ETA quitaron la vida el 6 de mayo de 2001. Aquel crimen conmocionó e indignó a la sociedad aragonesa de manera especial porque Giménez Abad representaba la seriedad y la mesura políticas, la voluntad de entendimiento dentro de la diversidad de ideas y la defensa, siempre, de la libertad y del Estado de derecho plasmado en la Constitución. Hoy, cuando en la escena política española predominan la tensión gratuita y el enfrentamiento exacerbado, la figura de Giménez Abad debería servir de inspiración para recuperar otros modos de hacer política, más serenos y constructivos. Su personalidad nos ha dejado un valioso legado, pues, como señalaba ayer en las Cortes el mayor de sus hijos, «nos convirtió en una comunidad más cívica, más digna y más humana». En una tierra que, como Aragón, ha sufrido algunos de los crímenes más atroces del terrorismo de ETA, resulta doloroso comprobar que los herederos políticos de los asesinos siguen sin manifestar arrepentimiento; y aun intentan imponer a la sociedad una interpretación blanqueada de sus atrocidades. Como dijo el presidente Lambán, «quienes estuvimos en contra de la banda terrorista no lo podemos admitir». El homenaje a Giménez Abad, veinte años después de su muerte, debe afianzar la voluntad de los aragoneses en la tarea de fortalecer la convivencia democrática.

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