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la rotonda

Demócratas avanzados

OPINIÓNACTUALIZADA 07/05/2021 A LAS 05:00
Isabel Díaz Ayuso junto a Pablo Casado en el balcón de la sede del PP en Madrid
'Demócratas avanzados'
Efe

Apenas 48 horas después de que Díaz Ayuso arrasara en las elecciones a la Comunidad de Madrid, aún hay perdedores –políticos o comentaristas– empeñados en descalificar a los electores. 

Como explicaba José Juan Toharia en uno de sus primeros y certeros análisis, España es una democracia avanzada, pero lo es más entre los votantes que entre la clase política. Electores que cambian su voto, sea cual sea su estatus y domicilio, y obligan a que los elegidos aterricen en la realidad. En su realidad. Así, con ese abrumador apoyo a una candidata que ha sido objeto de mofa y befa, los madrileños han dicho que no a muchas cosas. La primera, a la gestión de la pandemia. Narciso Michavila, el demóscopo que más ha acertado con las encuestas, ha explicado que el voto se fraguó hace un año, con un ascenso constante del Partido Popular, ante la negación de los partidos de la izquierda y comentaristas afines. Porque también el elector ha dicho no a esa realidad imaginada, que alimentan tantos opinadores que hacen innecesaria la vieja prensa de partido. Cuánto arrogante, víctima de su vanidad estilística e intelectual, atrapado en trampantojos como la encuesta del CIS, que dio al PSOE once escaños más de los que obtuvo y al PP, nueve menos.

Una falsa realidad, despachada desde una soberbia que resulta insoportable a cientos de miles de ciudadanos que han sufrido en su día a día las dificultades de este tiempo, mientras los líderes además hozaban en la bronca. También a eso han dicho no. Pagamos a nuestros políticos para que resuelvan nuestros problemas, no para vivir en la descalificación permanente, creando un clima de malestar y zozobra. Por eso ha sido especialmente gratificante ver cómo Podemos y Vox apenas han sumado 23 de los 136 diputados del parlamento madrileño y que sus continuas provocaciones los hayan convertido en irrelevantes.

Descalificar a la mitad de los madrileños confortará a los perdedores pero no
resuelve su debacle

Con ese rechazo a los extremos se ha dicho también no al lenguaje guerracivilista: los españoles ya aprobamos esa asignatura en el 78. Y la misma negación a las tonterías, como las del lenguaje inclusivo: si la igualdad que reclama el feminismo clásico aún no es real, sobran las distracciones. También no a la hiperactuación, como la escenificada ante sucedidos como las cartas con amenazas. Indeseables y de obligada investigación, sí, pero un exceso como materia de propaganda.

También han dicho no a las políticas de alianzas de Sánchez, que no resuelven crisis como la de Cataluña: tres meses después de sus elecciones siguen sin gobierno. Y en especial, al sometimiento del PSOE a la presión y la deslealtad de Pablo Iglesias. Demasiado para miles de votantes socialistas, que han migrado de papeleta sin compasión. Por eso, llamar fascistas a la mitad de los madrileños confortará a los perdedores pero no resuelve su debacle.

Porque a todo eso han dicho no, con una participación un 12% superior a la de hace dos años, desde otra circunstancia fundamental: esta fiesta no es gratis, se paga con los impuestos de los ciudadanos. Por eso se ha votado desde el fondo del bolsillo: mejor un candidato que aplica menor presión fiscal en una comunidad como Madrid, donde el volumen de su economía, o precisamente por ello, se lo puede permitir.

Ojalá vuelvan la templanza y el respeto al adversario

En el momento de la digestión, hemos visto a Pablo Iglesias disfrazarse de víctima para salir de la política hacia una vida mejor, según su propio y deseado guion. A Ciudadanos, enrocándose en una espiral inane. Y al PSOE, intentando asumir que ha pagado muy cara la operación que empezó en Murcia para quebrar al adversario y que ha traído el peor escenario: no ha recogido ni un voto de Ciudadanos y el PP alcanza el 44% de los emitidos. Y por delante, un posible adelanto electoral en Andalucía y un Parlamento más difícil, con obstáculos crecientes para satisfacer a los periféricos que les dan la mayoría.

Estas elecciones pueden traer cambio de ciclo, pero los periodos son cada vez más rápidos y más cortos y no toda España es Madrid. Aunque el aire vaya a favor, el PP ha recogido votos de demócratas avanzados que, afortunadamente para el sistema, van y vienen. En el 20 aniversario de su asesinato por ETA, ojalá nos inspiren a todos la templanza, el respeto y la vocación de servicio de Manuel Giménez Abad, un demócrata avanzado, siempre en nuestra memoria.

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