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En España se muere muy bien, pero...

OPINIÓNACTUALIZADA 05/05/2021 A LAS 05:00
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'En España se muere muy bien, pero...'
ISM

La frase, atribuida a Alfredo Pérez Rubalcaba, de que "en España se muere muy bien" se ha hecho famosa, incluso me atrevería a decir que popular, y su uso se extiende a las situaciones más inesperadas. 

Además de ingeniosa, tiene mucho de cierto. Cuando alguien fallece, y sobre todo si es de forma inesperada, las glosas por el finado surgen de los orígenes más insospechados, que van mucho más allá de lo que la lógica compasión humana nos llevaría a pensar.

Pero también estoy convencida de que esta sentencia queda algo incompleta. De ahí que me haya atrevido a añadirle una conjunción adversativa que quiere dejar claro esto. Sí, en España se muere muy bien, pero se jubila muy mal.

¿Qué quiero decir? Mi reflexión de hoy es que en nuestro país muchos de los que han tenido responsabilidades de diversa índole, demasiados en mi parecer, no aceptan que su ciclo ha finalizado. Siguen pretendiendo imponer unos criterios que ellos juzgan más adecuados que los que aplican los que ahora ostentan los cargos que una vez fueron suyos. Ejemplos de esta actitud los encontramos con muy poco esfuerzo, empezando por la clase política, y tanto más cuanta mayor sea la responsabilidad que ejercieron, y terminando por todo el elenco de personajes públicos de las artes y espectáculos, las empresas y otras instituciones.

En España los muertos reciben fácilmente el elogio de todos, pero en cambio resulta difícil encontrar acomodo para los jubilados

No sé a qué será debido, pero como pienso que causas puede haber muchas, solo enumeraré algunas que estimo relevantes. La primera es la enorme proliferación de tertulias y pretendidos foros de opinión en los medios. Cualquier moderador de este tipo de encuentros hace un llamamiento a personas que, sea por la causa que sea, estén fuera de la actividad sobre la que van a opinar y un día fue su oficio. Luego lo hacen del primer tema que se les ofrece, sea de su especialidad o no. Una tertulia que se precie debe contar con partícipes de adornado currículum, que gocen de cierta libertad y que disfruten con epatar al público en cada una de sus intervenciones. Poco importa si durante su vida profesional hicieron lo contrario de lo que pregonan. Ahora su tarea es hablar, y si puede ser un poco estridentemente, o no tan poco, mejor aún.

Otra causa de esta falta de reconocimiento de que hay que dejar paso a otros es la inexistencia en España de lugares donde poder aprovechar de verdad el conocimiento adquirido por estas personas. Nuestro carácter cainita nos lleva a aplicar hasta la crueldad aquello de "a rey muerto, rey puesto". Ejemplo de esto, y para mí prueba, es la escasez de escuelas de pensamiento que hay en nuestra historia. Apenas nadie se reconoce seguidor de nadie, pues esto es tomado como demérito. La exigencia de originalidad en todo lo que hacemos nos lleva a caer en la paradoja de apoyar nuestras ideas en infinidad de citas de autoridad, pero no a reconocer que esta línea de pensamiento fue propuesta anteriormente por otra persona. La máxima parece ser: erudito sí, pero novedoso e inédito.

Crear redes de colaboración que permitan aprovechar los conocimientos de quienes se han retirado es una asignatura pendiente

El respeto a la sabiduría de nuestros mayores está hoy en día bajo mínimos. Las nuevas generaciones escuchan por doquier que son las mejor preparadas de todos los tiempos y que las anteriores, entre las que me incluyo, somos auténticos analfabetos, digitales pero analfabetos al fin y al cabo. Hemos convertido la destreza en el manejo de artilugios tecnológicos en un becerro de oro al que es obligado adorar. Da igual el uso y el fin, y, por supuesto, el contenido del mensaje.

Me gustaría que en España existieran las redes de colaboración, muchas de ellas altruistas, que permiten a los anteriores dirigentes de otros países aportar su saber y experiencia sin otros fines personales. Me gustaría poder decir que en España morimos muy bien y nos jubilamos mejor.

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