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la columna

Dolor bajo los focos

OPINIÓNACTUALIZADA 29/04/2021 A LAS 05:00
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'Bajo los focos'
Pixabay

Donde hay dolor, hay un lugar sagrado", escribió Oscar Wilde desde la cárcel de Reading, donde penaba condena acusado de homosexualidad. 

Donde hay dolor suele haber silencio, soledad, un aire lorquiano: "Pena limpia y siempre sola. / ¡Oh pena de cauce oculto / y madrugada remota".

Otras veces, el sufrimiento aflora, de manera catártica y curativa, para que las heridas cicatricen al aire. E incluso se cuela en los platós de televisión, donde se encienden los focos, llegan equipos de documentalistas y maquilladores y se conectan los medidores de audiencias.

Por su propia naturaleza, difícilmente un estudio de grabación puede convertirse en un lugar sagrado, aunque quienes ofician el documental de Rocío Carrasco adopten maneras solemnes de sacerdotisas en un funeral. En cierta manera, tiene sentido. En ese mismo plató se consumó, durante años, el linchamiento verbal de esa mujer, a manos de su exmarido y de los tertulianos. Ahora dicen que van a reparar el daño causado, no se sabe si como buenos samaritanos o fariseos. De las palabras de la protagonista no cabe extraer una verdad judicial. Sí que fue una víctima, lo que no conlleva ser una mujer perfecta. Para que pueda servir de ayuda a las mujeres maltratadas, lo que cuenta Rocío Carrasco debe ser desvinculado de dónde lo cuenta. Porque esa silla, esos focos pueden estar ya dispuestos para acoger a la próxima víctima... No solo de violencia psicológica y otras cosas, también de lapidación mediática, en el viejo y eterno retorno de la rueda de la telerrealidad.

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