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tribuna

Amado líder Iglesias

OPINIÓNACTUALIZADA 19/04/2021 A LAS 05:00
Pablo Iglesias
'Amado líder Iglesias'
HA

El mayor problema de Pablo Iglesias ha acabado siendo él mismo. 

Vino a regenerar tanto la política, que se olvidó de que al final es un juego de estrategias y partidos. Así que cuando ha querido jugar sus cartas y tratar de ganar elecciones, Iglesias se ha dado cuenta de que había creado sobre él una pirámide de trampas y pasadizos casi incompatible con la agilidad que exige el ejercicio político. La última exhibición de este equilibrismo imposible entre su ética y sus siempre vencedoras necesidades ha surgido con su autoproclamación como candidato por Podemos a presidir la Comunidad de Madrid. Para ello abandonó el Gobierno y se grabó en un vídeo de ‘Amado Líder’, con cero democracia interna, auto-proponiéndose candidato de unidad de la izquierda a la presidencia. Un gesto donde se olvidó de unas primarias que sí, le ratificaron, pero quince días después de darse por proclamado. En ese vídeo tuvo tiempo además, en otro aldabonazo dictatorial, de nombrar con su espada plenipotenciaria Excálibur modelo precariado a Yolanda Díaz como futura candidata de Podemos a la presidencia del Gobierno de España. Un dos por uno de digitocracia que aguardó hasta la noche, donde se plantó sin ganas de reír en el programa del Wyoming, que le recordó que los partidos a la izquierda del PSOE ya tenían en Madrid una candidata, la médica Mónica García; se le ocurrió entonces que hasta de número 2 estaría dispuesto a ir. Pero claro, García le recordó que ella no estaba ahí para hacerse a un lado cuando el macho bramara, por mucho que fuera costumbre.

Así, Iglesias ha comenzado un periplo extraño como candidato autonómico, donde en ninguna encuesta brilla y donde ya genera más titulares por el exotismo de ser quien es que por su capacidad para ilusionar. Y en ese recorrido se ha dejado además otro lastre para su imagen pública y coherencia política solicitando la pensión que le corresponde como exvicepresidente del Gobierno, pero que el Código Ético de Podemos no le permite cobrar y encima su programa quería suprimir. Un detalle menor en realidad, pero que se suma a una caterva de incongruencias en las que cuesta ver al que un día vino a apretar algunas tuercas desvencijadas de nuestra democracia. Tan difícil era casi entonces quitarle la razón como ahora dársela.

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