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Opinión

la rotonda

Universidad pública de Aragón, 25 años

Por
  • José Antonio Mayoral Murillo
OPINIÓNACTUALIZADA 21/02/2021 A LAS 01:00
RECURSOS ZARAGOZA. PARANINFO / 26-10-2017 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]][[[HA ARCHIVO]]]
'Universidad pública de Aragón, 25 años'
Guillermo Mestre

El 21 de febrero de 1996, siendo presidente del Gobierno de Aragón Santiago Lanzuela y rector de la Universidad de Zaragoza Juan José Badiola, el Boletín Oficial del Estado publicaba el decreto por el que se transfería nuestra Universidad desde el entonces Ministerio de Educación y Ciencia a la Comunidad Autónoma de Aragón. Con ello se daba inicio a un nuevo periodo en la historia de la Universidad de Zaragoza que, desde ese momento, pasó a ser la universidad pública de Aragón.

La transferencia tenía indudables ventajas y algunos inconvenientes. Ser la única universidad pública y limitar su extensión a las tres provincias aragonesas permitió que la relación con el Gobierno de Aragón fuese más ágil y estuviese más en consonancia con los intereses territoriales que cuando se llevaba a cabo con el Ministerio.

Pero el decreto tenía también un aspecto negativo: una insuficiente transferencia económica, muy inferior a la de otras universidades españolas y que, aunque ha mejorado, sigue siendo insuficiente (y comparativamente menor a otras universidades) para cubrir las necesidades de la Universidad de Zaragoza, lo que supone un límite importante para su desarrollo.

Se cumplen hoy veinticinco años desde que la Universidad de Zaragoza fue transferida a la Comunidad autónoma

La transferencia permitía mejorar la relación de la Universidad con su contexto social. Exigía también un mayor protagonismo de los campus exteriores a Zaragoza, que se llevó a cabo con la creación, pocos días antes de la transferencia, de vicerrectorados para los campus de Huesca y Teruel, y más tarde, de las primeras facultades en ambas ciudades (que comenzaron a impartir licenciaturas completas, cuando antes únicamente contaban con primeros ciclos).

En estos veinticinco años las cosas han cambiado mucho, con la publicación de una nueva ley de universidades, la creación del espacio europeo de educación superior y otros cambios normativos que hacen difícil que la universidad se reconozca en la de hace veinticinco años.

En el campo académico, sin perder la esencia de una universidad generalista, se ha reordenado la oferta de titulaciones, un proceso que sigue vivo dada la velocidad de los cambios sociales y la necesidad de una oferta ágil de formación permanente, que aproveche las oportunidades de la revolución digital.

La globalización es otro aspecto que diferencia la sociedad actual de la de 1996. La internacionalización es hoy una necesidad, con una relación cada vez más intensa con Estados Unidos, América Latina y China, pero sobre todo con Europa, esfuerzo que nos ha llevado a formar parte del proyecto de universidades europeas, auspiciado por la Comisión Europea, dentro de la alianza Unita-Universitas Montium.

En el campo de la investigación, ha sido notable el incremento en la producción científica y en el número de conexiones de los grupos investigadores con los de otros centros de España y del resto del mundo, sobre todo de la Unión Europea y de Estados Unidos. A ello ha contribuido la creación de institutos universitarios propios y mixtos, cuyo mapa se ha incrementado recientemente para abarcar todas las ramas de conocimiento.

Un periodo que ha sido fructífero y en el que la universidad pública aragonesa ha evolucionado y ha estrechado la relación con su entorno social

La transferencia de conocimiento es otra de las misiones esenciales en la universidad moderna. En este campo el cambio ha sido muy importante y cada vez es mayor la relación con empresas e instituciones. Otro modo de permear a la sociedad es transferir a la misma cultura y conocimiento, lo que se logra a través de la importante actividad cultural que llevamos a cabo, especialmente desde el edificio Paraninfo.

En suma, aunque la esencia de nuestra Universidad sigue siendo la misma, es a la vez muy diferente de aquella que fue transferida a la Comunidad Autónoma. Podemos concluir que, a pesar de las limitaciones económicas, la transferencia ha sido positiva y nuestra Universidad se ha situado en posiciones de prestigio a nivel nacional e internacional. Por ello, huyendo del conformismo y siendo ambiciosos al reconocer las posibilidades de mejora, tenemos que estar contentos de lo que este cuarto de siglo ha representado en nuestra existencia.

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