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Guerra fría en la universidad

OPINIÓNACTUALIZADA 30/01/2021 A LAS 01:00
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'Guerra fría en la universidad'
Heraldo

El presidente Xi Jinping inauguró el pasado lunes el Foro de Davos con un llamamiento a evitar una "nueva guerra fría", en un claro mensaje a Washington. No obstante, el choque entre las dos superpotencias del siglo XXI va en aumento. La rivalidad es sistémica y se extiende a todo tipo de áreas. La última es la formación universitaria.

La enseñanza superior es un clásico objeto de deseo para superpotencias y megaempresas. Ha sido una poderosa palanca del llamado ‘poder blando’ (Joseph Nye) y hoy lo es más. Por ejemplo, Google University ya ofrece cursos intensivos, de apenas unos meses, que pretende equiparar a los títulos universitarios de cuatro años, pero a un precio total de unos 400 euros. Aún no se sabe si se consolidará esta iniciativa de la compañía de Mountain View, lo que supondría una disrupción sin precedentes en uno de los pilares del Estado del bienestar. Mientras tanto, nuevos y viejos actores internacionales pugnan en los campus. Frente a la clásica superioridad anglosajona, China quiere ganar influencia desde las aulas.

Las pugnas ideológicas, culturales y geoestratégicas ya no se dirimen en los campos de batalla

El antiguo ‘Imperio del Centro’ es el primer productor del mundo de coches, barcos, acero, aluminio, mobiliario, textiles, ordenadores, teléfonos móviles... y también de licenciados universitarios. Siete de sus universidades destacan en la lista de las mejores 50 del mundo. Pero no se conforma con eso y quiere ganar ‘poder blando’ en el campo de la formación de las élites mundiales. Así, la prestigiosa Universidad Fudan (ocupa el puesto número 34 de las mejores del ‘QS Global World University Rankings’) abrirá en Budapest el primer campus chino en territorio europeo. El primer ministro Viktor Orbán ha puesto alfombra roja a los embajadores de Shanghái, mientras que hace sólo dos años forzó la salida de Hungría de la liberal Universidad Centroeuropea, ateneo privado fundado en 1991 por el mecenas estadounidense de origen húngaro George Soros.

Con un rector de fama mundial, el canadiense Michael Ignatieff, la Central European University de Budapest era una institución de posgrado, cuyos rasgos distintivos eran el pensamiento crítico y la diversidad internacional de sus estudiantes y profesores, entre ellos el catedrático aragonés Julián Casanova. Sin embargo, en la guerra ideológica entre los valores liberales y los autoritarios, el ultraconservador Orbán ha optado por estrechar lazos con China, acercándose a un gigante geopolítico y económico en competencia con Occidente. Es la última ficha en caer del lado rojo en el dominó global.

Ahora lo hacen en múltiples escenarios que van desde internet a la salud

Las dos superpotencias compiten por la influencia mundial. Pekín con su iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda; Washington con el peso de su ‘siglo americano’. Y la batalla es diaria. Esta misma semana se ha sabido, según ‘The Wall Street Journal’, que China superó en 2020 a EE. UU. como principal destino mundial de inversión extranjera directa. Pero el gigante asiático aspira a mucho más que ser la gran fábrica del mundo. Durante las últimas décadas, la regla ha sido la invasión de los mercados globales por parte de empresas chinas que podrían ser extensiones del PCCh. Ahora, también quiere exportar enseñanza universitaria, sea a través de nuevos campus en el extranjero, sea a través de la red del Instituto Confucio.

Henry Kissinger en su libro ‘China’ (2012) advierte: "Mientras la tradición occidental valoraba el choque de fuerzas decisivo que ponía de relieve las gestas heroicas, el ideal chino hacía hincapié en la sutileza, la acción indirecta y la paciente acumulación de ventajas relativas". Aquí radica la creciente inquietud: por primera vez una potencia no democrática genera y distribuye prosperidad en masa y se sitúa en condiciones de cuestionar el sistema de democracias liberales.

Uno de los de mayor alcance es el de la enseñanza superior

China es un país-civilización con más de 3.000 años de antigüedad, orwelliano y digitalizado, con un sistema meritocrático y piramidal de formación de dirigentes, con un espíritu empresarial acostumbrado a la escasez y al trabajo extenuante. Ahora, quiere hacer de la formación universitaria una nueva cabeza de playa.

Mientras tanto, ¿qué hacen las universidades europeas? ¿Y las españolas?

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