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la rotonda

Farenheit 451

OPINIÓNACTUALIZADA 18/01/2021 A LAS 01:00
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'Farenheit 451'
Pixabay

Escucho en un programa de radio que hay una propuesta de una puritana escuela de Massachusetts (EE. UU.) para eliminar ‘La Odisea’ de los estudios de literatura y olvidar y arrinconar el poema homérico como si nunca hubiera existido. Argumentan estos cavernícolas que los textos homéricos pueden perjudicar las inocentes mentes de los niños con sus valores ‘pérfidos’. Como si la exaltación del mérito, la firmeza, el valor, la lealtad, el ingenio, la amistad, la valentía, la fidelidad o el honor no dotaran también nuestro equipaje desde la niñez.

Está claro que alguien intenta eliminar nuestros orígenes más genuinos y universalmente aceptados para reconocernos a nosotros mismos como herederos de toda una intensa corriente cultural que es la base de nuestra propia identidad, de nuestra existencia y de nuestro convivir. Nos quieren hacer volver a la oscuridad e ignorancia de la caverna, destruir todo nuestro esquema de creencias y valores, eliminar siglos de historia y los fundamentos del humanismo que ha acunado a tantas generaciones. Dejarnos a merced de la embrutecedora televisión manejada desde el poder, como ya advirtiera Ray Bradbury en la novela del mismo título que el que figura en la cabecera de este artículo, libro que me ha venido a la memoria en cuanto he oído la noticia.

Porque si en ‘Farenheit 451’ se procede a la quema de los libros por su peligrosidad social, como instrumentos capaces de conservar y enervar la cultura, los pensamientos, la crítica y la disidencia, estamos asistiendo ahora a una operación semejante y probablemente contagiosa, que se está larvando desde el poder y sus aledaños y desde el radicalismo más atrabiliario para acabar con el significado de nuestra cultura y arrasar con la pluralidad ideológica, tan sana y tan humana, imponiendo el dogmatismo del pensamiento único, si es que no se impide también, por no estimarse conveniente, la funesta manía de pensar.

Nos está invadiendo en los últimos tiempos una ola creciente de un revisionismo feroz, fruto de esa estupidez de la corrección política según la cual debe erradicarse de nuestro entorno todo aquello que suene a machista, a sexista, a desigual, siempre y cuando lo defina, naturalmente, la autoridad. Capaz de rastrear hasta lo inverosímil dónde intervenir para eliminar ciertas referencias que molestan a estos sectarios del nuevo orden.

Verán qué poco tardamos aquí en encontrar condenas a escenas y situaciones de las grandes obras de nuestros grandes clásicos, que seguramente se irán incluyendo en un moderno ‘índice’ de libros prohibidos, con lo que nos ha costado quitarnos de encima otros que ya existían. Pasa con estos nuevos inquisidores (e inquisidoras) como con los negacionistas, que salen como las setas y siguen creyendo que la Tierra es plana.

Yo voy a mantener ‘La Odisea’ en mi biblioteca –uno de los libros más antiguos, por cierto, de aposentarse en ella– y de vez en cuando le echaré un vistazo para recordar aquellas aventuras que tanto me fascinaron cuando yo era un niño.

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