Despliega el menú
Opinión

Opinión

Asalto al Capitolio

OPINIÓNACTUALIZADA 10/01/2021 A LAS 02:00
Las imágenes más impactantes del asalto al Capitolio de EE. UU.
Las imágenes más impactantes del asalto al Capitolio de EE. UU.
MICHAEL REYNOLDS

No hay 74 millones de personas con falta de juicio en Estados Unidos. Los votantes republicanos que dieron su respaldo a Donald Trump en las presidenciales de noviembre atienden a múltiples realidades sociológicas. Aunque electoralmente existe un perfil tipo de votante de Trump que nos sitúa frente a la radiografía de un varón blanco, sin estudios superiores y afectado por un severo desencanto hacia la política, la candidatura republicana también logró seducir, por ejemplo, a una buena parte del voto latino. Trump perdió la pasadas elecciones, pero conviene recordar que en el duelo con el demócrata Joe Biden, marcado por una altísima participación, ganó cerca de 11 millones de votos en relación a los comicios de 2016. Su derrota no fue tan rotunda como pudo preverse.

Estados Unidos atiende a una realidad política y cultural muy alejada de los criterios europeos y está aquejada por múltiples particularidades, tantas que no deja de sorprender que una encuesta de YouGov desvele que un 45 por ciento de los votantes republicanos respalden las manifestaciones que culminaron con el asalto al Capitolio. ¿Son todos los votantes de Trump unos extremistas? ¿Cómo logró imponerse y mantenerse durante estos últimos cuatro años el trumpismo?

El disparate vivido el 6 de enero en Washington resultó mayúsculo, sin paliativos. Un triste espectáculo protagonizado por el todavía presidente que avergonzó a Estados Unidos frente al mundo. El asalto al Capitolio fue la culminación del desvarío populista llevado a su máxima y más arriesgada expresión. Servido como el último plato de una cadena de mentiras y falsedades que a fuerza de ser repetidas terminaron por convencer a una buena parte de la población estadounidense del resultado fraudulento de las presidenciales, Trump se apoyó en el extremismo más ramplón para agitar a la turba.

Han sido años de mentiras procedentes de un presidente que ostentaba la credibilidad y la representación delegada de todo un país, un comportamiento que ha causado un terrible escenario de confusión en la sociedad norteamericana y una fractura de difícil recomposición que va más allá de la tradicional división entre republicanos y demócratas. Un desconcierto que certifica que en democracia los votos no son suficientes para revestir a la política de legitimidad y que es imprescindible el escrupuloso respeto de la legalidad y la defensa de la verdad como valores supremos. Ignorar los nobles principios que conforman como sociedad a Estados Unidos y que actúan como defensa del bien común ha conducido al país hacia un terrorismo doméstico –en palabras de Biden– que ha terminado por atacar al corazón mismo de la democracia. El populismo de Trump, construido sobre la política de las emociones, ha utilizado el hartazgo y la mentira para activar el desprestigio hacia las instituciones y los poderes del Estado. Ridiculizar a los jueces y a la prensa, asaltar la Cámara de Representantes y el Senado son las consecuencias directas de una machacona estrategia de desprestigio que solo fijaba la posible redención del país en el liderazgo de Trump.

Extirpar el trumpismo de Estados Unidos será especialmente complejo para Biden. La desinformación, el empleo de la mentira o la interpretación a capricho de la realidad han calado en la sociedad ofreciendo imágenes que pensábamos exclusivas de las malas películas de acción. Un nuevo aviso para todos.

Etiquetas