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la columna

La obviedad gigante

OPINIÓNACTUALIZADA 08/01/2021 A LAS 01:00
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'La obviedad gigante'
Pixabay

Zaragoza contará en breve con letras turísticas gigantes en las que podrá leerse –atención, sorpresa– Zaragoza. Lo que para unos es un reclamo comercial de primer orden en época de ‘influencers’ y la dictadura del SEO, para otros es una formidable catetada que nos iguala tarde, mal y por la parte baja de la tabla con las ciudades menos imaginativas –y son unas cuantas– del planeta. Quizá las letras acaben teniendo un diseño bonito y se coloquen en un recodo con gusto, pero a su falta de originalidad se suma otro pecado para mí aún más obsceno como es el de la obviedad. Con la de símbolos simpáticos podrían utilizarse para promocionar Zaragoza (más allá del puente de Piedra e incluso del caballito de la Lonja) se acaba recurriendo a una Z, una A, una R, y sigan ustedes que –de momento– no soy ‘cheerleader’.

Como quiera que estamos comenzando el año y no deberíamos hacerlo con crítica y enfados, imagino circunstancias en las que disponer de unas letras tochas y ausentes de toda poesía pudieran resultarnos útiles. Uno podría estar pescando en el Ebro, resbalar, caer al río y sufrir una hipotermia mientras la corriente le arrastra aguas abajo. Entonces sería tranquilizador leer Zaragoza antes que Niágara. En eso estamos de acuerdo. También son útiles las letras para un telepredicador con alzhéimer inmerso en un frenético ‘tour’ por Aragón, que no sepa que el Pilar no está en Letux o Puertomingalvo sino donde las letras. En caso de súbito garrotazo en la cabeza, desorientación suprema o lobotomía mal ejecutada, el letrerito de marras también sería una bendición.

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