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El Pirineo aragonés se juega su presente y futuro

Por
  • Asociaciones turísticas y empresariales del Pirineo aragonés
OPINIÓNACTUALIZADA 21/12/2020 A LAS 11:48
Estación de esquí de Candanchú.
Estación de esquí de Candanchú.
Candanchú

Los valles del Pirineo aragonés afrontamos nuestro invierno más duro, en el que, obligados a echar el cierre, vemos peligrar no solo cientos de puestos de trabajo y negocios, sino la continuidad de un modelo que sustenta la supervivencia de nuestros pueblos y habitantes.

Un tercio de la oferta de nieve de España está en Aragón y representa el 7% del Producto Interior Bruto de esta Comunidad y el 10% del PIB de la provincia de Huesca, generando 1.300 empleos directos, 12.000 indirectos y más de 200 millones de euros anuales; números que ponen de manifiesto la importancia de esta industria en la economía aragonesa. Además, hay que sumar también el movimiento de las ocho estaciones de esquí nórdico, el esquí de travesía y las visitas de no esquiadores al Pirineo para hacer otras actividades como raquetas, trineos o simplemente ver la nieve.

El obligado cierre de este sector el puente de la Constitución y en Navidad, motivado por las restricciones de movilidad derivadas de la crisis del COVID, tiene un impacto directo dramático sobre todas las personas que vivimos en el Pirineo y nuestro tejido productivo. Hablamos de un territorio que depende del turismo para no seguir convirtiéndose en un desierto demográfico y que, tras perder prácticamente medio año de facturación, ve amenazado tanto su futuro inmediato como sus perspectivas a medio y largo plazo.

La situación actual del Pirineo aragonés, como la del resto de territorios con una economía basada en el turismo, es crítica. Se vive aquí, sin embargo, una lucha diferente, una lucha por la supervivencia del territorio pues, dada su fragilidad y situación geográfica, el resultado determinará el futuro de los Pirineos, un futuro que puede ser vivo o pasar a formar parte, en su totalidad, de la España vaciada. No creemos que como país nos podamos permitir el lujo de no cuidar estos territorios, por eso reclamamos ayudas urgentes para paliar esta dramática situación, pero también un papel protagonista en los planes de recuperación para poder empezar a diseñar y construir desde ya el Pirineo que queremos para los próximos 30 años.

Los habitantes de estos valles somos muy conscientes de lo que está en juego y sabemos que ahora nuestro futuro es más incierto que nunca. Los empresarios no somos ajenos a este sentimiento y desde el inicio de la pandemia hemos demostrado nuestro compromiso social, realizando todas las inversiones necesarias para minimizar el riesgo de contagio en el momento de la apertura, formando y capacitando a los trabajadores de los diferentes sectores y manteniendo los negocios abiertos cuando era posible para reducir el impacto económico negativo.

Se requiere sensibilidad para entender que es imperativo definir un plan de choque urgente con ayudas específicas y concretas que permitan sostener, de una manera real, este territorio en un momento en el que su única fuente de ingresos se ha puesto en jaque y en el que las personas que allí vivimos únicamente podremos cerrar nuestros negocios e irnos a vivir a otros lugares. Necesitamos apoyo para resistir el presente, pero también para empezar a preparar desde ya el futuro de nuestros valles, un futuro que entre todos tenemos que conseguir que sea digital, verde y demográficamente sostenible y para el que los fondos de recuperación europeos representan una oportunidad única que ni el sector público ni el privado podemos dejar pasar.

La ambigüedad, el esperar a ver qué sucederá, no es una opción. Un territorio entero está en peligro de desaparecer, un territorio agoniza a la espera de decisiones audaces.

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