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Opinión

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La indeseable guerra escolar

OPINIÓNACTUALIZADA 25/11/2020 A LAS 01:00
C.P. VALDESPARTERA II. INICIO CURSO / 11-09-2013 / FOTO: GUILLERMO MESTRE
'La indeseable guerra escolar'
Guillermo Mestre

Peralta de la Sal modificó su nombre para homenajear a su hijo más ilustre, el aragonés universal San José de Calasanz. Las Escuelas Pías, que fundó el sacerdote oscense, celebraron en 2017 cuatrocientos años de vida con el mismo espíritu con el que Calasanz se empeñó en procurar educación para todos, especialmente para quienes tenían más difícil acceder a la instrucción, en los barrios más pobres de Roma. Goya y Palafox se formaron en los Escolapios, que abrió su primer colegio en Barbastro. Además de ellos, más de un centenar de personajes relevantes formados en sus aulas tienen calle en Zaragoza. Como los centros de tantas órdenes religiosas, han sido y son fundamentales para el progreso de la sociedad.

En la forma de colegios concertados, conviven, en democracia, con la red de la enseñanza pública. Y no tienen, según sentencia del Tribunal Supremo de 2016, un carácter secundario o accesorio respecto de los centros públicos, "no resulta de aplicación el principio de subsidiariedad en relación con la enseñanza concertada". La convivencia de ambas redes da respuesta a una amplia demanda social y se ajusta estrictamente al mandato constitucional sobre la educación.

La guerra escolar que abre la última ley de Educación, aprobada por una exigua mayoría de 177 votos sobre 350, afecta también a la educación especial, un modelo que funciona, y es lo último que necesita la comunidad escolar. Millones de escolares están otra vez al albur a una ley sin vocación de permanencia.

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