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Opinión

la rotonda

La investigación en la Universidad

Por
  • José Badal
OPINIÓNACTUALIZADA 17/11/2020 A LAS 01:00
Las investigaciones las lleva a cabo Astrazeneca y la Universidad de Oxford.
'La investigación en la Universidad'
EFE

La Ley Orgánica de Universidades estipula que "la investigación científica es fundamento esencial de la docencia y una herramienta primordial para el desarrollo social a través de la transferencia de sus resultados a la sociedad". Y aún más: "La investigación es un derecho y un deber del personal docente e investigador de las Universidades". Tanto la docencia como la investigación son por tanto deberes que el profesorado universitario debe asumir. El profesor de universidad debe enseñar y a la vez investigar. No basta con ser un ameno comunicador de conocimientos, mucho menos un empleado centrado en labores de pasillo u ocupado solo en tareas de gestión.

Un profesor universitario no es plenamente competente si no es también un buen investigador capaz de llevar a sus clases los resultados de su propia investigación y de abrir nuevos horizontes planteando interrogantes y retos. La docencia de calidad está inexorablemente ligada con el progreso de la ciencia. Una buena universidad no puede renunciar a lo primero y por eso debe procurar el marco adecuado para que sus profesores realicen sus respectivos proyectos de investigación, destinando para ello los recursos que su presupuesto le permita, sin olvidar recompensar a quienes desarrollan una actividad investigadora, y penalizar a quienes hacen dejación de sus funciones.

Nuestra docta institución cuenta con 4.298 profesores. De esta cifra, 1.039 son titulares y 352 catedráticos. Con referencia al profesorado funcionario, el hecho cierto es que solo el 43% de los titulares y el 72% de los catedráticos acreditan evaluaciones positivas de su actividad investigadora en todos los tramos incluidos en su tiempo total de servicio. Es decir que más de la mitad de los profesores titulares carecen de investigación acreditada en el curso de todos sus años de servicio, y lo mismo el 28% de los catedráticos. Y esto sin hablar de los otros 2.907 profesores. Estas cifras no nos dejan en muy buen lugar dentro del panorama universitario internacional e incluso nacional. Es obvio que en nuestra universidad abunda gente que no cumple con lo establecido legalmente, lo cual requiere una corrección inmediata.

Lo anterior no es óbice para que muchos departamentos, con admirable abnegación de sus profesores y estudiantes, desarrollen una investigación de calidad y en algunos casos de excelencia. A la vista están las publicaciones en revistas internacionales de primera fila cuyos autores citan la Universidad de Zaragoza. Pero no podemos contentarnos con el trabajo sobresaliente de algunos investigadores. Esto no puede amparar la negligencia de otros profesores instalados en la abulia, con escasa o nula actividad investigadora, que no aportan prestigio a nuestra universidad y que dan la espalda al compromiso que contrajeron cuando firmaron su toma de posesión del puesto que ahora ocupan.

Desde hace demasiado tiempo, la Universidad de Zaragoza trata mejor a quien simplemente opta por la docencia que a quien, además de atender sus obligaciones docentes, acredita investigación. Hacer o no investigación viene a resultar lo mismo en cuanto a la docencia final asignada en términos de horas/curso. Lo que significa que un profesor no es penalizado con un número más elevado de horas de clase cuando se olvida de la investigación y se dedica a otros menesteres, en contraste con la carga docente que otro profesor asume pese a su esfuerzo personal como investigador.

La situación descrita debe cambiar cuanto antes si de verdad queremos conseguir una universidad de vanguardia, reconocida internacionalmente, que sea crisol de competentes profesores e investigadores y no una mera correa de transmisión del conocimiento, que contribuya al desarrollo y bienestar sociales mediante la aportación de buenos resultados a la sociedad en general. ¿Y cómo se puede cambiar la realidad? Pues no es preciso acudir a ningún grimorio; muy sencillo: con afán de cambio real, valorando el esfuerzo investigador, incentivando la investigación con la asignación de menores cargas docentes y con retribuciones dinerarias acordes con el trabajo realizado. Que tomen buena nota de esto los aspirantes al cargo de rector, ahora que estamos en vísperas de elecciones, porque de esto depende que la Universidad zaragozana escale puestos de mayor relevancia y prestigio en el contexto internacional.

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