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Un debate sin altura

Por
  • Heraldo de Aragón
OPINIÓNACTUALIZADA 01/10/2020 A LAS 02:00
U.S. President Donald Trump and Democratic presidential nominee Joe Biden participate in their first 2020 presidential campaign debate held on the campus of the Cleveland Clinic at Case Western Reserve University in Cleveland, Ohio, U.S., September 29, 2020. REUTERS/Jonathan Ernst [[[REUTERS VOCENTO]]] USA-ELECTION/DEBATE
Donald Trump y Joe Biden en el debate electoral. REUTERS/Jonathan Ernst
JONATHAN ERNST

El candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, Joe Biden, habría ganado, según los sondeos de urgencia, el primer debate electoral al republicano Donald Trump. No obstante, todo sigue en el aire porque al final se trata de cuál de los dos será capaz de movilizar el 3 de noviembre a los votantes indecisos en los ‘estados bisagra’. Y, desde luego, el cruce de insultos y ataques personales de ayer no les habrá servido para reflexionar sobre su voto a esos estadounidenses que aún no lo tienen decidido.

El cara a cara electoral, uno de los espectáculos televisivos con más audiencia en EE. UU., ha mostrado sobre todo la debilidad de ambos candidatos. El estilo marrullero y bronco de Trump es bien conocido desde hace cuatro años. Se trata de un presidente muy poco ejemplarizante, pero su base electoral, que le ha sido muy fiel desde el inicio de su mandato, estará satisfecha del resultado de este primer debate. Biden, por su parte, no sale mal parado porque nunca ha generado muchas expectativas. No obstante, inseguro y titubeante, ha evidenciado que es un político que nada mal en el proceloso mar de la confrontación dialéctica, a diferencia de su rival, que sí se mueve como pez en el agua en la refriega.

Lo más inquietante del debate, de cualquier modo, es que el candidato republicano y actual presidente del país haya hecho un llamamiento a los supremacistas blancos a estar atentos para hacer frente a los ‘Antifa’, un movimiento de extrema izquierda. Es lo último que necesita un país polarizado como pocas veces en su historia, castigado duramente por la covid-19 y sometido a una grave tensión social en las calles. Al no rechazar la violencia, incluso alentarla, Trump vuelve a dar prueba de que es un inquilino de la Casa Blanca que no está a la altura de la dignidad de su cargo y que no ha asumido todavía las reglas del juego de una democracia liberal. 

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