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Opinión

el meridiano

Mamá, tengo pis

OPINIÓNACTUALIZADA 28/09/2020 A LAS 01:00
Ambiente en los bares de Huesca durante el partido.
Ambiente en los bares de Huesca hace unos días.
Verónica Lacasa

A la segunda ola de covid-19 que estamos padeciendo, el epidemiólogo español y catedrático de Harvard Miguel Hernán le ha puesto una receta durante 15 días: confinamiento no estricto. "Teletrabajo, cierre de universidades, Secundaria, lugares públicos cerrados (bares, gimnasios...), mascarilla en interiores y en exteriores a menos de dos metros, parques abiertos, paseos sin congregarse y deporte al aire libre". Unas medidas fáciles si no tienes un negocio de hostelería o hijos en edad escolar.

Pero más allá de las recetas que nos hacen falta y llegados en algunos territorios a este punto, lo que merece una reflexión es la actitud que una parte no desdeñable de los ciudadanos han tomado frente a la pandemia. Lo digo porque en política (y a veces a los periodistas también nos pasa) hay un miedo atroz a decirle a la ciudadanía lo que está haciendo mal, supongo que por aquello de perder votos. Una dinámica que está colocando en la cesta de los ‘casos aislados’ hechos que se repiten con una indeseable frecuencia. Ese hábito, por ejemplo, de empeñarse en consumir en la zona interior de los bares cuando la terraza está vacía porque empieza a hacer algo de fresquete. Sinceramente, con las últimas evidencias de la transmisión del virus por aerosoles, no parece demasiado seguro optar por consumir dentro. Vivimos en un país con sol incluso en días de invierno y sería responsable que nos planteáramos optar por la terraza, saliendo los fines de semana a comer mejor que a cenar. Y lo mismo, con esa paradoja absurda de andar por la calle con mascarilla y bajárnosla luego porque hemos quedado a cenar con un grupo amplio de amigos o familiares. O con el gel de manos, que aspira a ser la nueva agua bendita, cuando en realidad solo protege de infecciones por contacto.

Es como si los políticos nos tuvieran que tutelar al punto de acompañarnos a hacer pis.

Quiero decir que todas las medidas tienen sentido pero si se cumplen a la vez; y me parece tremendamente infantil e irresponsable no cambiar nuestros hábitos mientras cargamos contra los políticos, como si nos tuvieran que tutelar al punto de acompañarnos a hacer pis. Ninguna medida sirve si los ciudadanos no la cumplimos; y creo que tras el pacto del desmadre para salvar la campaña de verano toca hacer autocrítica, vigilarse y cuidar los unos de los otros.

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