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Persiguiendo nubes

Por
  • Julio José Ordovás
OPINIÓNACTUALIZADA 27/09/2020 A LAS 02:00
Nubes, cerca del Moncayo.
Nubes, cerca del Moncayo.
Laura Uranga

Víctor no era una monjita de la caridad. Era un viejo pájaro de la noche zaragozana, un tipo duro que, a pesar de que llevaba varios años enfermo, no se amilanaba ante nadie. Un día, para mi sorpresa, me dijo que había leído mi primera novela, ‘El Anticuerpo’, y que le había gustado porque él, que se había criado en las faldas del Moncayo, se reconocía en aquel chaval que andaba por los tejados de su pueblo persiguiendo nubes. A Víctor lo mataron en la calle Antonio Agustín, a solo unos metros del callejón del Perro, donde, en septiembre de 1911, cayó muerto Francisco Álvarez a consecuencia de los disparos de la Guardia Civil, que reprimió a sangre y fuego una huelga general convocada por la CNT. Muchas de las calles que recorremos a diario están teñidas de sangre, sangre que no vemos pero que de algún modo nos sigue salpicando.

¿Quién fue Juan Higueras? Paso la tarde del domingo intentando averiguarlo. Para ello solo dispongo de una carpeta encontrada en el Rastro con cuadernos y documentos que le pertenecieron. Estudió en el colegio del Salvador hace más de cien años. Le apasionaba la literatura y sentía inclinación por autores de inflamada retórica, hoy olvidados, como José Donoso Cortés. Tenía buena mano para el dibujo y aprovechaba cualquier papel para trazar caricaturas de tipos uniformados y endomingados. Un reglamento de Montepío de la Junta del Canal Imperial me hace pensar que quizá era huérfano de padre. ¿Entró en la Compañía de Jesús y se ordenó sacerdote? Seguramente. Simpatizó con un partido democristiano, de vida breve e importante presencia aragonesa, el Partido Social Popular. Pasó la guerra civil en Zaragoza. Sospecho que en los primeros años de la posguerra albergó la esperanza de que se restauraría la monarquía. La carpeta solo contiene una foto, de la Congregación Mariana del Santo Ángel, hecha por Coyne en octubre del 36. Tal vez ese hombre del que no se ve más que la cara, una cara de pan con gafas redondas, el único adulto entre una muchedumbre de chavales, fuera él.

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