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Opinión

la columna

Hilos internos

ACTUALIZADA 15/09/2020 A LAS 01:00
Opinión
'Hilos internos'.
Pixabay

Hay algo en la luz de septiembre que me retrotrae a mi primera infancia. Salto hacia atrás obviando los malos recuerdos asociados a este mes que se llevó a un buen amigo y me trajo otras malas noticias en varios casos. En estos días cercanos al equinoccio de otoño, los rayos solares, con su inclinación y con su temperatura de color, tiran de mis hilos internos suavemente y tengo la sensación de haber vuelto a casa después de un largo viaje. Mi hermano nació un 15 de septiembre, cuando yo solo tenía quince meses de edad, así que no puedo recordar ese día. Pero, de cualquier manera, debió de ser un acontecimiento feliz en la familia la llegada del ansiado varón, que vino sano y fuerte y siempre ha estado a mi lado.

Hay algo en la luz de septiembre que me retrotrae a mi primera infancia.

Se pone el sol y me quedo en la terraza observando el cielo nocturno. Poco a poco empiezan a lucir las estrellas. El planeta rojo, sobre el horizonte, brilla de forma especial. Un poco más tarde veo por las alturas un avión con sus lucecitas rojas parpadeando en la oscuridad. ¿Dónde irá? ¿Quién viajará en ese avión y por qué? ¿Será verdad que se consumen setenta mil litros de combustible en un trayecto transoceánico? Tal vez nunca vuelva a volar. No sufro por ello.Llega una edad en la que no te incomoda sentarte a ver cómo transcurre el tiempo. Una sargantana inmóvil cree que pasa desapercibida en una pared de la terraza. También yo permanezco inmóvil para no asustarla. Pienso en mi hermano y en los hilos internos. Podría quedarme así toda la noche, con los ojos abiertos, esperando tranquilamente a ver los primeros rayos del sol. 

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