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Opinión

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Mucho por hacer

ACTUALIZADA 10/09/2020 A LAS 01:00
Opinión
'Mucho por hacer'
Nuri Martínez

El curso 2020-21 pinta mal. El punto de partida es incierto en todos los niveles del sistema educativo, comenzando por las guarderías y llegando hasta los estudios de doctorado. En cualquiera de las etapas de nuestro sistema, será necesaria mucha paciencia, dedicación y compromiso. Especialmente del profesorado, pero también del alumnado y de las familias. De partida ya es un problema comenzar y coordinar los recursos con las normas y circunstancias sociosanitarias que nos rodean.

Ahora, como siempre, es posible otra mirada. Por eso mismo, también son unos meses para transformar la desazón, las dificultades, la falta de liderazgo político e institucional en una oportunidad e ir más allá. Los centros educativos no son sólo aparcamientos de niños mientras sus progenitores trabajan, ni corrales donde domesticar y adocenar a jóvenes no emancipados. No son jaulas. Las aulas son el lugar social para hacer que nuestra sociedad sea mejor. Pueden situarse en espacios físicos o virtuales. Pueden ser cara a cara, con la tiza en la mano, o mediadas por tecnologías de la información y de la comunicación, síncronas y efímeras o asíncronas y grabadas para repetir miles de veces. Da igual el formato, siempre y como mínimo ha de contar con una persona con vocación de enseñar y transmitir la pasión por aprender.

Las aulas son el lugar social para hacer que nuestra sociedad sea mejor.

Las aulas son lugares mágicos donde se viven momentos imborrables que, cuando se experimentan, marcan la vida. Por eso, si hemos de crear burbujas, que sean de optimismo activo. Y esto pese a los dirigentes que sufrimos y nos gobiernan. Así es posible convertir el desastre en esperanza. Es posible introducir vías para la creatividad, pese a las dificultades y estupideces con las que nos limitan quienes nos someten. Pero mientras no nos pongamos manos a la obra, no lo conseguiremos. Queramos o no, como dice mi esposa, estamos inmersos en un gran experimento social, donde somos parte del proceso y de los acontecimientos. Aquí y ahora, como en la investigación acción participante, estamos dentro de la probeta. Y necesitamos aplicar una reflexión de segundo orden que haga posible saber qué hacemos y a dónde estamos yendo. Para ello necesitamos un rumbo. ¿Dónde queremos ir?

Si hemos de crear burbujas, que sean de optimismo activo.

Es la ocasión para revisar con la praxis este modelo industrializado de educación. Es un momento propicio para ir más allá de la domesticación e inocular el virus más radical que conocemos: atreverse a pensar y razonar.¡Sapere aude! Es volver a lo esencial de eso que se llama proceso de enseñanza-aprendizaje: la pasión por el conocimiento, las ganas de saber más, dudando de lo que se aprende, alimentando la curiosidad. Y éste es un virus socialmente peligroso porque produce cambios en el statu quo. Es un virus probiótico que requiere de pocas inversiones, pero sí de unas buenas dosis de voluntad, entendimiento y cariño, contribuyendo a superar dificultades y vencer errores.

De hecho, son tantas las cosas que se han hecho mal y tantas las cosas que se podían haber planificado mejor que no merece la pena detallarlas. Quizá por eso, la primera pregunta es ¿qué puedo hacer yo para que esto funcione? Y ‘esto’ está tejido por aquellas las personas que tengo más cerca. Sabiendo, como decía Jaeger que "la educación no es una propiedad individual, sino que pertenece, por su esencia, a la comunidad". No es sólo cuestión de "sobrevivir en las condiciones que podamos", como declaró el ínclito ministro.

Son tantas las cosas que se han hecho mal y tantas las cosas que se podían haber planificado mejor que no merece la pena detallarlas.

En nuestra universidad nos han instalado cámaras y micrófonos para impartir docencia ‘semipresencial’. Con el gasto en maquinetas, se vende un simulacro de solución. Como si fuera el bálsamo de Fierabrás que resolverá cualquier inclemencia. En realidad, estamos creando un problema añadido. Tendremos al mismo tiempo dos públicos en circunstancias dispares, unos in situ otros lejos. No hemos tenido tiempo suficiente para probar las herramientas, faltan pocos días para levantar el telón y el espectáculo está huérfano. No sólo somos entes certificadores, tendremos que hacer lo posible para que la pasión por el conocimiento germine en nuestras clases. Quizá sea la oportunidad para dedicar más tiempo a leer, escribir y pensar. Otra forma de abordar lo mucho que queda por hacer.

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