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Orgullo y pasión

ACTUALIZADA 25/07/2020 A LAS 01:00
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'Orgullo y pasión'
Pixabay

La compañía de seguros comunicó que no se haría cargo de la reparación del tirador de la puerta de la nevera. Entonces avisamos al servicio técnico oficial, cuyo personal insistió en que fuéramos a buscar el recambio a su almacén. Según se nos dijo, pagar por una operación tan fácil era un despropósito. Así que, en contra de mi parecer, mi mujer fue por la pieza. A su regreso, nos metimos en harina, de muy mala gana por mi parte, empeñado en que aquello era cosa de profesionales. Recuerda mi hijo que sostuve esta posición con aspavientos, bufidos y exabruptos.

Instalar el recambio exigía desmontar el anclaje de la pieza estropeada, cuyos tornillos, apretados con fuerza sobrehumana, tenían un cabezal incompatible con todas las variantes de nuestro destornillador casero, rectas, de estrella, de llave Allen y otras aún más raras. Ante semejante dificultad, a punto de rendirnos, tuve la genial idea de instalar en el imperturbable anclaje original el nuevo tirador, para lo que había que desmembrar este accesorio. Al hacerlo, saltaron algunos componentes. Entre ellos, dos muelles diminutos. Cuando mi esposa lo encontró todo y recolocó los muellecillos, la besé con pasión juvenil.

Lo que sentimos al culminar la operación es indescriptible. Baste decir que renuncié a ponerle una queja al servicio oficial y que propuse dedicar lo ahorrado en mano de obra a comprar un destornillador eléctrico profesional. En cambio, mi mujer respondió que nanay, que ese día yo me iba a librar de hacer la cena. Y fuimos a nuestro restaurante favorito, justo debajo de casa, reabierto pocos días antes.

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