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OPINIÓNACTUALIZADA 09/07/2020 A LAS 01:00
Fernando de la Cueva, este lunes, con el libro de Matemáticas (azul) que ha repartido y otros materiales.
El profesor Fernando de la Cueva.
Oliver Duch

Hace unos pocos días se jubilaba anticipadamente Fernando de la Cueva, uno de los profesores de matemáticas más importantes en el Aragón contemporáneo. Sé que no le gusta semejante elogio… y mucho menos a esos envidiosos y envidiosas que ha sufrido en estos últimos años. Digo que es importante no por sus publicaciones científicas, ni por el descubrimiento de nuevos teoremas, ni por el estudiante que fue, sino por su entrega minuciosa, callada y constante a la docencia, divulgación y cuidado de la enseñanza de las matemáticas a nuestros adolescentes aragoneses y de otros lares. Y estoy seguro que tanto su colega Alberto Elduque, como el resto de profesores y profesoras del Taller de Talento Matemático (TTM) compartirán esta valoración.

Para quienes no lo sepan el TTM "es una actividad extraescolar, pensada para alumnos aficionados a las matemáticas, que quieran pasar un rato discurriendo y sacando lo mejor de sus cabezas. Está organizado por un grupo de profesores, tanto de enseñanza secundaria como de la Universidad de Zaragoza". Fernando, Alberto y un equipo entregado a la causa comenzaron sus actividades hace tres lustros, en el curso 2004-05. Entonces estudiar matemáticas no estaba de moda e incluso se resentían las matriculaciones en la licenciatura. El TTM consiguió atraer a chicos y chicas de Zaragoza y también de Huesca, Teruel y Lérida. En el año 2015, el TTM recibió el Premio José María Savirón de Divulgación Científica en Aragón. Su apuesta fue y sigue siendo ir más allá de las matemáticas curriculares de la ESO y el Bachillerato para estimular a esos estudiantes que quieren conocer esa parte esencial del conocimiento humano. Con una singularidad, en este TTM: "La actividad no se restringe a un número reducido de estudiantes brillantes, sino que está abierta a todo aquel que tenga ganas de discurrir y sienta curiosidad". En esa visión y diseño intervino de manera activa Fernando quien, además, también se ha implicado en otras actividades asociativas y organizativas como la Olimpiada Matemática en Aragón que van más allá de lo que un funcionario está obligado a hacer.

Es un profesor de matemáticas de instituto entregado a sus estudiantes y a su asignatura. En todos los centros donde ha trabajado ha dejado una huella indeleble en los chicos y chicas que han estado sus clases. Se ha preocupado siempre por buscar las mejores metodologías, por transmitir el conocimiento matemático de la forma más estimulante. Desde el principio de las TIC fue creando contenidos para la web, tiene colecciones de problemas, soluciones, documentación ingente. Se ha dedicado como pocos a enseñar las matemáticas con pasión y ganas. Se ha preocupado por las familias y porque la educación llegue a ser un verdadero motor de cambio social.

Tiene mucho de quijote, de soñador, de hombre idealista capaz de enfrentarse a lo que sea menester si la causa es justa. Es un hombre cumplidor de las reglas y de los procedimientos, pero no se conforma con la aceptación acrítica de las instrucciones. Si hace falta se planta. Es un insumiso frente a la digitalización dogmática, excluyente y masiva de la enseñanza. De hecho, ahí es donde ha librado la batalla que le ha sacado del anonimato. Se ha enfrentado a la dictadura digital donde se impone de manera arbitraria y adocenada el ‘formato electrónico’ sin guardar un lugar para el papel y lo analógico. Cualquiera que dedique unos minutos a escuchar su argumento, su aplicación en el aula y sus efectos posteriores comprobará —si tiene uso de razón suficiente— que la petición de combinar tiza, papel y pantallas —lo analógico y lo digital— es mucho más inteligente que la imposición autoritaria de lo contrario.

Que Fernando se haya jubilado es una pérdida incalculable para nuestra sociedad. No es un ‘escapatizas’ como quienes huyen del aula por su aversión a la docencia. Es parte de una sangría y un síntoma. Los responsables de la gestión del sistema educativo acabarán rindiendo cuentas dentro de unos años. Están socavando los pilares de nuestro sistema social. Hace falta mimar a estos profesores llenos de experiencia, vocación y entrega, capaces de pedalear contra viento y marea. 

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