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Opinión

la firma

Entrenar la prudencia

ACTUALIZADA 28/06/2020 A LAS 02:00
Paseos en el Parque del Agua de Zaragoza durante la desescalada
'Entrenar la prudencia'.
Oliver Duch

En septiembre de 1918, tras meses informando sobre la epidemia de gripe o, "como dicen por Madrid", del ‘Soldado de Nápoles’, en alusión a la pieza de la zarzuela ‘La canción del olvido’, tan pegadiza como el virus, HERALDO publicaba con preocupación que "dadas las condiciones desastrosas en que vive casi toda nuestra población, por falta de las más elementales prescripciones de la higiene, puede constituir ese mal un verdadero azote para el pueblo. Llevamos #días con esa zozobra y el Gobierno, lejos de abrir los ojos a la gente y adoptar medidas enérgicas y saludables, se limita a dar informes equívocos y a esperar a que cambie el tiempo". La pandemia que asoló Zaragoza, y que terminaría por conocerse como ‘gripe española’, se extendió amparada por las limitadas condiciones higiénicas y la dificultad para encontrar un remedio.

Transcurridos más de 100 años de aquellas informaciones y pese a que los expertos han lanzado un mensaje de tranquilidad al explicar que los brotes registrados en las cuatro comarcas aragonesas que han retrocedido a la fase 2 (La Litera, Bajo Cinca, Cinca Medio y Bajo Aragón-Caspe) entran dentro de lo esperado, la evolución de la enfermedad se muestra inquietante. La pandemia aún no ha sido derrotada y el peligro de multiplicación de los contagios, pese a la llegada de las altas temperaturas o el uso de la mascarilla, sigue siendo real. Sin haber logrado una inmunidad de rebaño es necesario aceptar que la covid-19 solo se reprime desde la aceptación de las recomendaciones sanitarias. El virus, que llegó mucho antes de que se diagnosticara el primer caso y que aún continúa entre nosotros, no ha perdido ni su letalidad ni su carácter contagioso. 

Cada una de las fases de la desescalada ha generado un relajamiento en los hábitos que debería ayudarnos a reflexionar sobre la gestión de una crisis que desde su origen convivió con el miedo. El temor compartido a los contagios, diluido tras el progresivo abandono de los hogares, quizá podría haberse sustituido por la prudencia, por un empeño que nos llevase a una nueva socialización responsable. Explica el fotoperiodista Gervasio Sánchez que una de las consecuencias de las dificultades impuestas para retratar lo que ocurría en los hospitales y residencias ha sido la falta de una posterior sensibilización de una parte de la población. Ciertos comportamientos, alejados de toda responsabilidad, transitan como si la pandemia estuviera ya superada, olvidando que la nueva normalidad también requiere control.

La evidencia, en cualquier caso, es tozuda y como asegura el epidemiólogo Nacho de Blas, los actuales brotes no serán los últimos. En Aragón es imprescindible no perder de vista la evolución -como señala De Blas- de tres grandes colectivos o sectores: las residencias de ancianos (el 83,4 por ciento del total de los fallecidos en la Comunidad vivían en estos centros), los temporeros y el turismo. 

El problema de los trabajadores de la fruta, que como ha pedido el presidente Javier Lambán "no se deben demonizar", no solo ha vuelto a poner al descubierto las condiciones de los lugares donde viven estas personas, sino que ha confirmado aquello que se intuía. El natural tránsito entre Huesca y Lérida en plena campaña de recogida era algo tan lógico como esperado, al igual que lo era prever las consecuencias de la desescalada entre los residentes más jóvenes. Sin ningún plan conocido de contingencia que generalizase las pruebas y que también valorase que Lérida apenas permaneció unas horas en la fase 3, era evidente pensar que la zona podía convertirse en un foco de la covid. Tan absurdo como culpabilizar a la población inmigrante es no aceptar que la colaboración entre los sistemas sanitarios quizá podría haber previsto una respuesta conjunta. 

El debate entre la defensa de la prudencia y la búsqueda de la normalidad va ser una constante a lo largo del verano. Sin una solución fácil, parece imprescindible pensar en un control asimétrico de la pandemia y en la cooperación entre comunidades. 

miturbe@heraldo.es

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