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Opinión

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En apoyo de la cultura

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 17/06/2020 A LAS 02:00
Teatro Arbole. CUTI VERICAT / 30-092016 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[HA ARCHIVO]]]
Un concierto en la sala del Teatro Arbolé de Zaragoza.
Guillermo Mestre

Los espectáculos en directo -musicales, teatrales y de otro tipo- constituyen uno de los capítulos principales de la actividad cultural. Y no cabe duda de que están entre los sectores más duramente golpeados por las consecuencias económicas de la pandemia. La cultura, base de una sociedad abierta y democrática, necesita, como se ha hecho con otros sectores, que las instituciones desarrollen un plan de ayudas específico que permita salvar una coyuntura dramática.

Los promotores aragoneses de espectáculos en directo calculan que las pérdidas económicas que van a sufrir llegarán a los tres millones de euros entre los meses de marzo y agosto de este año. Las medidas preventivas que ha sido necesario tomar para combatir la covid-19 han supuesto una paralización brusca y total de su actividad, un golpe que puede resultar tanto más dañino por cuanto el sector funciona con unas estructuras empresariales de por sí frágiles y a veces precarias. Estaría en juego la supervivencia de muchas empresas y autónomos cuyo trabajo enriquece la vida diaria, induce a la reflexión y alimenta el disfrute de cuantos ciudadanos participan como público en sus actividades. El sector sostiene además un buen número de puestos de trabajo y aporta un porción sustancial del PIB de la Comunidad. Su recuperación tras el estado de alarma necesitará de normas claras y de una flexibilidad que permita conjugar la prevención de los contagios, aspecto fundamental, con la celebración de espectáculos en directo. La programación de las instituciones, ahora casi paralizada, es otro requisito necesario. Y del mismo modo que las administraciones han elaborado planes concretos para otras parcelas de la economía, la cultura requiere también un programa específico de ayudas. La cultura no es un capricho ni un lujo, sino una función esencial de toda sociedad democrática. Los gobernantes y los ciudadanos debemos recordarlo.

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