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Opinión

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Populismo

Por
  • Pedro Rújula
ACTUALIZADA 30/05/2020 A LAS 11:49
El Congreso de los Diputados, con la bandera a media asta.
El Congreso de los Diputados, con la bandera a media asta.
Eduardo Parra / Europa Press

Ahora, cuando se cierne sobre la sociedad el horizonte inmediato de la crisis, no solo el de la crisis sanitaria, que no se ha ido, sino el de la crisis económica que todavía tiene que mostrar su verdadera dimensión y sus consecuencias, resulta más importante que nunca estar alerta ante el avance de las actitudes populistas. Y digo actitudes y no partidos, porque parece que hay días en los que el populismo es transversal y se convierte en el discurso político del todos contra el Gobierno. El Gobierno de un lado y el pueblo indiferenciado y justiciero en otro; las autoridades opresoras por un lado y el pueblo sufriente por el confinamiento por otro; la Administración de una parte y de otra el pueblo víctima de la arbitrariedad del poder; oscuras comisiones técnicas en un lado y el pueblo sometido a medidas sin razón de otro…

La operación es conocida: se identifica un enemigo, se crea la idea de una masa descontenta, se excitan los sentimientos (que en este contexto no es difícil) y, sobre todo, se simplifican y radicalizan los análisis. El todo o la nada. El bien y el mal. El competente y el incompetente. En definitiva, trazar las diferencias con una línea básica, elemental: el ‘ellos’ y el ‘nosotros’. Por eso es bueno, en días como estos, leer al gran politólogo e historiador Pierre Rosanvallon quien, en su última obra, ‘Le siècle du populisme’, ofrece un análisis muy consistente del fenómeno del populismo proponiendo como respuesta más democracia y más sociedad. En definitiva más complejidad y participación para reconstruir el mundo que nos ha tocado vivir.

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