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Opinión

la rotonda

El final de la escapada

Por
  • Pedro C. Marijuán
ACTUALIZADA 28/05/2020 A LAS 02:00
Garzón, Sánchez e Iglesias
Garzón, Sánchez e Iglesias
Reuters

Las ideologías no pretenden entender las múltiples complejidades y equilibrios de la realidad social sino transformarla hacia una única dirección, la de sus consignas ultrasimplificadas. Es ‘lo público’, es ‘la igualdad’, es ‘lo progresista’, es ‘lo antifascista’. El camino a seguir les parece muy fácil, pero ¡ay!, siempre terminan dándose de bruces con las consecuencias de su ceguera, de su incompetencia, de su imprevisión.

La pandemia nos ha permitido ver demasiado pronto la verdadera imagen autoritaria y de incapacidad de este Gobierno socialcomunista, único en Europa. Tras los innumerables errores y contradicciones en la gestión sanitaria, llega el momento inevitable de hacer cuentas. Todos hemos tenido la experiencia del restaurante, tras haber comido y bebido como si no hubiera mañana, cuando ha llegado el momento temible de pedir la cuenta y ver cómo se paga.

Hay que revisar los compromisos suscritos por este Gobierno, el menú imposible al que va a tener que hacer frente. Primero, la factura de las pensiones (diez millones de pensionistas) y su revalorización según el índice de precios al consumo. Segundo, los sueldos de los 2,5 millones de funcionarios estatales y autonómicos. Tercero, los subsidios de desempleo (¿para cuatro o cinco millones de desempleados?). Cuarto, los gastos de los ERTE (¿para cuatro millones de trabajadores?). Quinto, el nuevo ingreso mínimo vital (¿para dos millones de familias?). Sexto, los gastos extra autonómicos y estatales en salud. Séptimo, los gastos autonómicos y estatales en educación. Octavo, los otros gastos y ayudas sociales aprobados en los famosos ‘viernes electorales’: en igualdad, vivienda, feminismo, ecologismo, etc. Y añádanse los intereses de la deuda pública y otras partidas en Fomento, Defensa, Industria, Universidades, etc.

Todas las grandes partidas anteriores están ‘blindadas’ ideológicamente, no admiten recortes, son innegociables. Pero claro, ahora representan un incremento del déficit hasta el 10 o el 12 por ciento del PIB, o bastante más, sobrepasando el récord del Sr. Zapatero cuando ahuyentó a los inversores internacionales, que dejaron de comprar deuda española. Para pagar el servicio de la voluminosa deuda actual y para el déficit de este año tendremos que suscribir del orden de 300.000 millones de euros de deuda extra. ¿Cómo se va a lograr? Toda Europa está envuelta en una escalada de desajustes presupuestarios y no va a consentir que su muy limitada capacidad de compra de deuda sirva para alimentar un déficit desbocado, que además se aleja del que debería ser el primer objetivo en un país occidental: la protección de las empresas privadas y los autónomos. ¡El mejor ‘escudo social’! Nadie en Europa ni en ningún sitio va a poder financiar un nuevo ‘Plan Marshall’ como pretendían desde la Moncloa.

Pues esto es lo que nos espera. La adición del radicalismo podemita a un neosocialismo de corte cesarista ha sido catastrófica. Ha transformado el núcleo de decisión política de nuestro país en un maremágnum de voces discordantes, de decisiones inconexas, de veintidós mini-ministerios con más arrogancia y soberbia que competencias claras y bien delineadas. Y el segundo nivel de nombramientos en las Direcciones Generales y Secretarías de Estado aún resulta más temible. Uno se imagina a los altos funcionarios del Estado en el tercer nivel echándose las manos a la cabeza ante los líos entre el primer y el segundo nivel, intentando poner orden pero teniendo que callar y esperar a que algún día vuelva la cordura. El flujo de información entre esos tres niveles daría para una tesis doctoral, o mejor para una nueva serie de Berlanga: la progresía nacional.

Este otoño, el descuadre presupuestario va a ser sonado, de época. Los hombres de negro de Bruselas tendrán que venir y apartar como telarañas esos blindajes ideológicos que las luminarias progresistas han agitado y seguirán agitando como espantajos. Y es que no hay vuelta de hoja, al final de la escapada las facturas se pagan.

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