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Liberticidas

OPINIÓNACTUALIZADA 30/04/2020 A LAS 02:00
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'Liberticidas'
VITICOR

Han pasado ya unos días, pero no hemos de olvidar. Entonces, no di crédito y he tenido que repasar el documento un par de veces. Tuve que llegar hasta la sexta pregunta. De hecho, si no se lee directamente es difícil de creer. Resulta inverosímil en un Estado social y democrático de derecho el ‘Avance de resultados del Barómetro especial de abril 2020. Estudio n.º 3279’, del Centro de Investigaciones Sociológicas de José Félix Tezanos. Es difícil de aceptar, pero es literal: "Pregunta 6. ¿Cree Ud. que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?". Ahí se dan cuatro opciones de respuesta: "Cree que habría que restringir y controlar las informaciones, estableciendo solo una fuente oficial de información; Cree que no debe restringirse ni prohibirse ningún tipo de información; No lo sabe, duda; No contesta". Después, los porcentajes –tremendos–, respectivamente 66,7; 30,8; 2 y 0,5.

No solo es una ‘pregunta perversa’, como nos mostraba el grupo Henneo en estas páginas de HERALDO. O claramente, "una pregunta manipuladora y mal redactada", como explicaba Álex Grijelmo en ‘El País’. Es algo más. Mucho más que un mero globo sonda propio del aparato de propaganda gubernamental. Es un aviso y un síntoma.

Es la manifestación directa de una enfermedad que se está extendiendo en nuestra sociedad. Y a la vez es una señal. Una mala señal, un mal indicio de algo que ya está sucediendo y puede ir a peor. Nos han secuestrado nuestro derecho a la libre circulación, a la libre empresa, a la libre reunión. Nos han traído a un estado de excepción camuflado bajo la alarma de la covid-19. Nos han confinado en casa en nombre de la salud y por nuestro propio bien. Y como buenos ciudadanos hemos cedido. Incluso cuando pregunta el CIS de Tezanos (n.º 10) "¿cómo está llevando personalmente el enclaustramiento en su hogar que se ha acordado?", el barómetro recoge que el 26,1% lo lleva ‘muy bien’ y el 64,9% ‘razonablemente bien’.

Hemos aceptado dócilmente. Hemos soportado ordenadamente las llamadas al sacrificio y a la unidad. Y lo hacemos porque confiamos en nuestro sistema democrático, en los valores y los principios fundamentales de la Constitución de 1978. E incluso podemos seguir aguantando las medias verdades, la incompetencia manifiesta de los expertos gubernamentales, las improvisaciones del Ejecutivo, la falta de eficacia, los dañinos efectos que están provocando en nuestras vidas, tanto emocionales como sociales y económicos. Podemos seguir perdonando las falsedades estratégicamente distribuidas, los datos incompletos, las malas excusas de malos gestores, las inconsistentes repuestas, las normas estúpidas y los contrasentidos… Pero ya no debemos tolerar que se crucen límites esenciales de nuestro Estado social y democrático de derecho.

Y si lo de Tezanos fue una más en el vaso, la gota que lo colma se le escapó al general José Manuel Santiago, Jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil. Le salió de manera natural –como quien transpira la verdad que lleva dentro– que uno de los objetivos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado es "minimizar ese clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno". No mintió. ¿Fue un ‘lapsus’, como dijo el gran ministro que no se ha equivocado en nada? No parecía, alguien dio la orden.

El general sigue en su puesto. Le aplaudieron al día siguiente. Y el Gobierno sigue camuflando su mala gestión. Hemos de despertar. Estos avisos muestran un panorama terrible y liberticida. Tenemos pocas alternativas creíbles en el horizonte. Salvo que Sánchez cambie de actitud y reestructure su Gobierno con un equipo mejor, que lo hay. Sobran ministros y ministerios. Comience por ahí y luego haga llegar cuanto antes la renta mínima de emergencia y temporal. Deje de jugar con nuestra libertad y salud. Falta humildad y sentido común para trabar un verdadero pacto y no una trampa. Necesitamos un Gobierno excepcional y eficiente que nos saque de este desastre. 

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