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Destrucción creativa

OPINIÓNACTUALIZADA 25/04/2020 A LAS 02:00
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Destrucción creativa
KRISIS'20

El futuro es incierto en un mundo que cada día circula a mayor velocidad. Por eso, desde hace años, el término de moda es ‘disrupción’. El concepto hace referencia a aquello que produce una ruptura brusca y radical, que acaba con lo establecido, que pone patas arriba un orden social, una organización jurídica o un sector económico. Es heredero de la teoría que Joseph Schumpeter (uno de los tres más importantes teóricos económicos modernos, junto a Karl Marx y John Maynard Keynes) popularizó hace seis décadas con el nombre de ‘destrucción creativa’. El profesor austriaco hacía referencia a que la innovación que tiene lugar en una economía de mercado genera nuevos productos y empleos que destruyen viejas empresas, modelos de negocio y profesiones.

A principios del siglo XXI, la ‘destrucción creadora’ se desbordaba a causa de la revolución digital y ahora se puede acelerar aún más con el impacto socio-económico del Covid-19. ¿Hasta dónde llegará? No se sabe, pero sí son evidentes ya una certeza y una pregunta. Se puede dar por seguro que, en el plazo de un año y medio, una vacuna garantizará el regreso a una ‘nueva normalidad’. El interrogante es cómo será ese mundo. Algunos, como el presidente Macron, creen que ya nada será igual, que se avecina un parón de la globalización. Otros sostienen que la crisis del coronavirus no va a suponer un corte en la historia, sino que intensificará tendencias en marcha. Incluso algunos, como Donald Trump, aseguran que todo seguirá igual.

Lo que la Historia enseña es que son las decisiones que se están adoptando estos días las que van a moldear esa ‘nueva normalidad’. Por ejemplo, la mayoría de los países han decidido ya ejecutar una re-industrialización, sobre todo en los sectores que están pasando a ser considerados estratégicos como el sanitario y el agroalimentario. Así, el sistema económico globalizado, basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimiento, se está transformando en otro menos interconectado.

La desglobalización es una de las manifestaciones de la ‘destrucción creativa’ del Covid-19. Se vislumbran otras: videovigilancia, más trabajo desde casa, telemedicina, ventas ‘online’ y distribución a domicilio, auge de los pagos electrónicos, enseñanza a distancia, acceso a productos culturales y de ocio por internet, menos viajes aéreos, mayores controles en las fronteras, retorno del Estado protector…

En los procesos álgidos de ‘destrucción creativa’, como el actual, viejos y nuevos actores compiten entre ellos para definir cuál será el nuevo diseño dominante de orden internacional. Porque está claro que la estructura emanada de la II Guerra Mundial ha desaparecido. El Covid-19 va a acelerar un proceso de transformación que ya estaba en marcha. Autores como Niall Ferguson, reconocido como uno de los mejores historiadores de la economía, ya habían teorizado sobre como internet subvierte el orden establecido y genera riesgos como el colapso de las élites tradicionales sin que hayan sido sustituidas por otras. Ahora, el coronavirus irrumpe violentamente provocando un tsunami de cambio. Los movimientos, países y organizaciones emisoras de ondas disruptivas serán quienes lideren el futuro.

La crisis económica de 2008 también generó ‘destrucción creativa’ con la aparición de movimientos ciudadanos (15-M en España u ‘Occupy Wall Street’ en Estados Unidos), grupos populistas y líderes ultranacionalistas como Trump o Boris Johnson. La actual pandemia puede tener consecuencias análogas, tanto por su dimensión social como por una recesión económica aún más aguda. Además, incrementará la desconfianza en los políticos y deslegitimará a muchos de los actuales gobernantes en todo el mundo.

Estamos, pues, en un punto de inflexión y la balanza se puede decantar hacia cualquier lado. La esperanza es que, por primera vez en la historia, las sociedades democráticas disponen de conocimiento y de capacidad para que las ondas de ‘destrucción creativa’ sean, más bien, ondas de creatividad constructiva que anticipen un futuro más justo, sostenible e inclusivo para todos.

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