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la rotonda

El legado de Lanzuela

Por
  • Joaquín Juste, Carmen Pobo y Manuel Blasco
OPINIÓNACTUALIZADA 22/04/2020 A LAS 02:00
Santiago Lanzuela, candidato al Congreso de los Diputados por el PP en Teruel en 2004, durante una entrevista concedida a HERALDO, en su casa familiar de Cella.
Santiago Lanzuela en su casa familiar de Cella.
Antonio García

La historia de un territorio es fruto de un trabajo colectivo. Una labor en la que suelen sobresalir determinadas personas que, por los éxitos cosechados, por su forma de afrontar la realidad, traspasan el tiempo y perduran. Una de ellas era sin duda Santiago Lanzuela.

El terrible coronavirus, que tanto daño está haciendo, lo ha hecho también con nuestro querido Santiago. Una lucha que no pudo vencer, como sí hizo con otras que le sorprendieron en el camino y en las que dio muestra de gran fortaleza. Porque él era posiblemente el mejor ejemplo de un servidor público en mayúsculas.

Como suele suceder con las grandes personas, nos deja de manera presencial, pero no así en recuerdos, vivencias y sentimientos. La importancia del legado de Santiago Lanzuela para Aragón y para Teruel le hacen digno de ser considerado como uno de los turolenses más importantes del período democrático. Porque hoy gran parte de lo que podemos observar en nuestro territorio tiene la firma de este gran cellano.

¿Qué sería de Teruel sin el Fondo de Inversiones? Posiblemente una buena parte de los recursos que generan riqueza y empleo no serían realidad, como sí lo son Dinópolis o Motorland. Los pueblos no habrían tenido importantes partidas económicas para acometer mejoras de la calidad de vida de los vecinos, las carreteras no dispondrían de una cuantía anual para actuaciones y algunos de los proyectos culturales no habrían visto la luz.

No podemos olvidar que hoy tenemos conectadas por autovía las tres capitales de provincia aragonesas porque puso todo su empeño en conseguirlo. No sin dificultades, Lanzuela dio los primeros pasos para la construcción de una infraestructura que se ha demostrado vital. Ha generado riqueza, ha facilitado los desplazamientos, ha mejorado la seguridad vial y ha convertido la A-23 a su paso por Teruel en fuente empleo, porque ha posibilitado la instauración de empresas en un buen número de localidades.

Las cuencas mineras centrales cuentan en el presente con un tejido industrial que ha paliado en buena medida el cierre de las minas de localidades como Escucha, Utrillas y Montalbán. Ojalá los que ahora tienen que pilotar esa reconversión en Andorra dispusieran de la sensibilidad social, el compromiso y el empeño por garantizar los puestos de trabajo y el futuro de las miles de familias que se van a ver afectadas. Sería una garantía del mejor porvenir.

Como lo es en nuestros días el sector agroalimentario turolense. A nuestra provincia se la conoce porque disponemos de buena parte de los mejores productos del país y la creación de las denominaciones de origen del melocotón o el aceite fueron hitos muy importantes para conseguirlo. Un logro que le debemos también a Santiago Lanzuela y a su labor en el Gobierno de Aragón, como también la creación del Instituto Aragonés de Fomento, la Fundación Santa María de Albarracín, el impulso de la nieve en Teruel y Huesca, el carácter estratégico de la logística o la consecución del Plan Urban para Teruel, que supuso un antes y un después para el desarrollo turístico de nuestra capital y para la restauración de una de nuestras señas de identidad: el patrimonio mudéjar.

La lista podría ser muy larga, porque los períodos 1989-93 y 1995-99 fueron muy prolíficos en nuestra Comunidad. Especialmente este último, que volvió a dotar a la política aragonesa de la sensatez, tranquilidad y decencia de la que había carecido en años inmediatamente anteriores. Rasgos que hizo extensibles a su labor como parlamentario nacional en el que se convirtió en uno de los mejores defensores de nuestra provincia. Allá donde fuera, se comportaba como el mejor de los turolenses.

Su legado aquí queda, para todos los que vivimos en esta provincia tan maravillosa. Ahora las siguientes generaciones tienen la responsabilidad de seguir el camino que él comenzó a recorrer e intentar continuar con su ejemplo. El de muchos años con una única preocupación: hacer de Aragón y de Teruel un territorio próspero y lleno de oportunidades.

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