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Opinión

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La fotografía con alma

OPINIÓNACTUALIZADA 26/03/2020 A LAS 15:14
Carlos Moncín. Fotógrafo de prensa
Retrato de Carlos Moncín Duce, con una de sus fotos más emblemáticas, en el Cuarto Espacio.
Asociación de Fotoperiodistas de Aragón.

Andaba muy rápido, solo aparentemente frágil, con su juego de lentes y objetivos a cuestas, apuntando como un cazador de imágenes. Carlos Moncín llegó a HERALDO desde Calatayud y lo fotografió absolutamente todo. Tenía vocación, intuición y oficio, todo lo que hay que tener para ser un gran fotoperiodista, para ser también un artista.

El 9 de abril de 1978, los parlamentarios aragoneses, reunidos en Calatayud, eligieron a los miembros de la primera Diputación General de Aragón. Allí estaba Moncín para fijarlo para la historia. Veinte años más tarde, fotografió a todos los presidentes que gobernaron la Comunidad a partir de ese día. Desplegaba su fondo blanco, la bandera, el Estatuto… e iba haciendo su trabajo de amanuense gráfico de nuestra vida. Fotografió los lances taurinos, los amaneceres y los rincones de su ciudad, a la que adoraba con un amor correspondido, los paseos de la gente en las calles, las alegrías y las tragedias… Disparó miles de veces, y sus imágenes nunca perdieron el alma que, lamentaba, la tecnología digital había quitado a la fotografía. Retrató a escritores, a científicos, a deportistas, a gente corriente, con la misma mirada certera y penetrante.

Lo que dijo de él Guillermo Fatás en julio de 2017 cabe repetirlo hoy, con dolor, en su despedida: "Casi siempre es falso que una imagen vale más que mil palabras, pero es cierto que una foto de Carlos vale más que cien imágenes. Y doy fe de que, además, es un buen compañero. Un gran tipo".

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