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Comunicar en tiempos de crisis

OPINIÓNACTUALIZADA 23/03/2020 A LAS 02:00
Pedro Sánchez este domingo durante su intervención desde la Moncloa.
Pedro Sánchez este domingo durante su intervención desde la Moncloa.
EFE

Ni la batalla de Trafalgar, ni la pérdida de Cuba, ni la ‘gripe española’… Acaso la situación de crisis más conocida sea aquella en la que Don Quijote es ‘derrotado’ por los molinos de viento. Al aproximarse Sancho, pensando que su amo no está en sus cabales, el caballero andante comprende que se encuentra ante un momento crítico. Está a punto de perder la credibilidad que pudiera tener ante su escudero, a quien mantiene a su lado con la promesa de alcanzar el gobierno de una ínsula. Solo tiene una alternativa: resolver la crisis que ha provocado al confundir los molinos con desafiantes gigantes. ¿Cómo? Contándole a Sancho una historia que dé sentido a lo que ha ocurrido: «Aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su vencimiento», le dice.

Esta construcción de una narración que explique lo sucedido para evitar la pérdida de credibilidad es la esencia del concepto anglosajón de ‘batalla por el relato’, tan de moda en la política en las últimas décadas.

Ante el desafío al que se enfrenta el Gobierno por el coronavirus, Pedro Sánchez está intentando construir en sus comparecencias un relato emocional, al estilo del clásico «sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor», de Churchill. Quiere alentar el sosiego y el civismo de la población con expresiones como que «estamos ante la situación más grave desde la Guerra Civil». Toca así la fibra sensible de la población, pero su crédito se hundirá si las palabras no se ven acompañadas rápidamente por hechos. Sus mensajes, que están siendo demasiado largos, se vendrán abajo si los resultados no están a la altura de sus promesas. De entrada, ya va tarde para desarrollar planes urgentes de fabricación masiva de mascarillas y otro material sanitario.

No hay que olvidar que Don Quijote comunica bien, pero, a pesar de ello, nunca consigue los propósitos que se marca.

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