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Opinión

en nombre propio

Shock

Por
  • Ángel Gracia
ACTUALIZADA 21/03/2020 A LAS 18:16
Militares de la UME limpian el hospital Miguel Servet esta mañana.
Militares de la UME limpian la entrada del hospital Miguel Servet.
Oliver Duch

La vida se ha convertido en un eterno domingo. Juego libre con los hijos, cocina pausada, músicas y bailes familiares. Pasan los días y la vida es duración y repetición: conversaciones telefónicas con los seres queridos, recuento de víveres, relecturas, reencuentro con uno mismo. Todo ello sin movimiento físico ni mental. Es como un estado continuado de shock. Sobredosis de realidad sentida, por primera vez en la historia, todos juntos y en tiempo real. Conmoción vivida en el ámbito de la intimidad y que, cuando aplaquemos el virus, se convertirá en colapso colectivo. Económico y social, claro. Los doctrinarios de la terapia de choque ya preparan sus instrumentos para aplicarnos más recetas neoliberales y terminar de hundirnos en la pobreza a la inmensa mayoría. Aprovecharán la debilidad del Estado para terminar de desvalijarlo.

Es un momento clave. No son vacaciones escolares ni días libres ni un buffet libre de compras por internet. Los profesionales sanitarios y las fuerzas del orden están luchando por nuestra salud y, también, por nuestro sistema de convivencia. Al terminar esta pesadilla deberemos decidir qué democracia queremos. Si apostamos por el libre mercado depredador o compartimos la riqueza. Si son más importantes los irracionales sentimientos nacionalistas o la solidaridad universal. Si mantenemos una monarquía ensuciada por los escándalos o elegimos el jefe de Estado. Si velamos por el bien común y el trabajo digno. Si amamos la cultura libre y el pensamiento crítico.

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