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Opinión

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Desconfianza intransigente

ACTUALIZADA 29/02/2020 A LAS 02:00
Aragón
Quim Torra y Pedro Sánchez, este miércoles.
Efe

Siempre que expreso optimismo respecto a la política española, me topo con el nulo aprecio que provoca el presidente Pedro Sánchez, incluso entre quienes le han votado. Su mala prensa solo es equiparable a la que tuvo Mariano Rajoy, por quien no dieron la cara ni siquiera los medios de comunicación afines a su ideología, que prefirieron jalear a José María Aznar, o a Albert Rivera, el mayor bluf de la política nacional en mucho tiempo.

Ahora bien, la crítica que recibe Sánchez es mucho más dramática que la que castigó a Rajoy. Baste decir que al socialista se le atribuye el inminente descuartizamiento de España, en contubernio con el independentismo catalán, sobre todo, pero también por la debacle económica que va a provocar, al alimón con Unidas Podemos. Tanta exacerbación, que recuerda a las retóricas de la intransigencia que analizó Albert O. Hirschman en un conocido ensayo, posiblemente está detrás del exceso de optimismo que me afecta, como si operara en mí la fuerza de reacción de la Tercera Ley de Newton.

Por eso, lo mejor de mi actitud positiva no es lo que tiene de respuesta al catastrofismo, sino lo que brota de la confianza en mi país, sentimiento que he refrendado recientemente en algunos artículos de Manuel Chaves Nogales, publicados en la prensa parisina durante el final de la Guerra Civil. En ellos, el gran periodista y escritor exiliado explicó que el régimen totalitario que el general Franco estaba gestando, importado de Italia y Alemania, era contrario al modo de ser español y partía de la profunda desconfianza que el dictador sentía por su paisanaje.

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