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Opinión

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Hiperliderazgos con pies de barro

ACTUALIZADA 25/02/2020 A LAS 02:00
Opinión
Iglesias, Sánchez y Casado
Agencias

Poder, lo que se entiende por auténtico poder, es el que tiene el presidente del Gobierno. Así lo explicaba el ex ministro Jordi Sevilla hace ya una década en Zaragoza, en una comida privada. "Solo él te nombra ministro un día y al día siguiente te puede poner en la calle". Ahora bien, en el ejercicio del poder también hay gradaciones. Moisés Naím habló en 2013 de ‘liderazgos débiles’ (el poder en el siglo XXI es más fácil de adquirir, más difícil de utilizar y más fácil de perder). Ahora, sin embargo, en España se consolidan los hiperliderazgos sustentados en el sistema de elecciones primarias en los partidos y en las listas cerradas y bloqueadas. Así, Pedro Sánchez, Pablo Casado y, en menor medida, Pablo Iglesias se han blindado dentro de sus respectivos partidos con mandatos más sólidos y menos cuestionados. Ni barones, ni diputados, ni cuadros, ni referentes, ni órganos territoriales… Las decisiones las toma el secretario general. Ni se cuestionan, ni se discuten. Por eso Sánchez ha laminado a todos los críticos y Casado acaba de demostrar que prescindirá incluso de las figuras más destacadas del PP si no le obedecen.

En realidad, el hiperliderazgo es un modelo personalista, pero democrático, que se está popularizando ante el cúmulo de incertidumbres, malestares y tensiones. Los nuevos hiperlíderes ya no son Churchill, Kennedy, Thatcher, Kohl, González u Obama. Son, más bien, la adaptación del ‘modelo carismático’ (de los tres tipos ideales de liderazgo político de los que habló Max Weber) a las nuevas exigencias de narrativa emocional basada en la imagen. En el caso español, eso sí, intentan conjurar sus malos resultados electorales con sobreactuaciones de liderazgo que acabarán dañando su gestión. Han empezado narcotizando a sus respectivos partidos.  

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