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Opinión

la firma

Atención precaria

Por
  • Rodrigo Córdoba García
ACTUALIZADA 12/02/2020 A LAS 02:00
La sala de espera de Urgencias del Servet este lunes por la mañana.
'Atención precaria'.
Heraldo

El concepto de ‘atención primaria’ tiene su origen en la conferencia de la OMS en Alma Ata en 1978. La atención primaria es la base del sistema sanitario público y en España se desarrolló principalmente en los años ochenta y noventa con la creación de la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria y la extensión de los centros de salud. El concepto va más allá de medicina general. La atención primaria va ligada a la cobertura universal, la medicina centrada en las personas (sanas o enfermas), el concepto de salud en todas las políticas y la atención a los grupos más vulnerables. Estos elementos se han asociado a mayores niveles de salud y menos desigualdades sanitarias. También han ayudado a mejorar la expectativa y la calidad de vida. Alguno de sus rasgos son la continuidad asistencial y la accesibilidad, lo que implica que en muchos casos un médico atiende a familias durante la mayor parte de la vida laboral, a veces más de treinta años.

Aragón, junto con Navarra y el País Vasco, ha sido una de las comunidades que ha permitido un mayor y mejor desarrollo de este concepto y donde se detecta mayor satisfacción de los ciudadanos. Sin embargo, desde hace más de un decenio asistimos a un lento pero progresivo deterioro de la atención primaria. Las listas de espera de algunas especialidades repercuten negativamente en la atención primaria y en la relación médico-paciente. Esta relación exige tiempo, una especial dedicación del profesional para comprender el alcance del problema del paciente tanto en sus aspectos somáticos como psicológicos, permitiendo que el paciente exprese sus emociones. Esta condición empática es la que logra que los pacientes tengan confianza en el médico o enfermera y es la base de la relación terapéutica.

La creciente burocratización y la continua demanda de informes y papeles contribuye a sobrecargar la demanda y forzar el trabajo de las plantillas actuales. La heterogeneidad y variabilidad en la formación básica y continuada de los médicos de atención primaria y el exceso de demandas pueden explicar las quejas de algunos especialistas en lo que se refiere a derivaciones excesivas o no indicadas. La precariedad en muchos casos de los contratos tampoco ayuda a mejorar estas cuestiones. Esta precariedad afecta aún más al personal de enfermería y es más aguda en las zonas rurales y particularmente coincide con las zonas más despobladas. Pero en las zonas urbanas estamos asistiendo a un déficit de médicos para sustituir vacaciones, permisos, formación continuada o actividades de docencia e investigación. Esto obliga a una parte de los profesionales a hacerse cargo de los pacientes de otros compañeros con lo que disminuye el tiempo de atención y se rompe el principio de continuidad, el ser atendido por el mismo profesional.

También hay precariedad estructural en lo que refiere, por ejemplo, a problemas de escasez de despachos o averías crónicas en la calefacción o en los ascensores en algunos centros. El sistema está resistiendo sobre la base del esfuerzo, el compromiso y la salud de muchos profesionales, pero ese compromiso está flaqueando por el envejecimiento y la lenta desmotivación. Esta situación resulta contradictoria con la incorporación de nuevas tecnologías y objetivos a la atención primaria, como la ecografía, la dermatoscopia, la atención a la complejidad o el trabajo con la comunidad. Es cierto que la media de pacientes por médico de familia no es muy alta, unos 1.500, pero hay médicos que aún atienden a más de 2.000 pacientes y no se han actualizado las plantillas en atención primaria. Por otra parte, la despoblación y la dispersión de la población tampoco permiten amortizar algunas plazas rurales.

La conclusión es que, a pesar de la valoración positiva de la atención primaria en Aragón, la satisfacción de la población puede decaer si no se consideran algunas cuestiones. La OMS propone que el 20% del presupuesto sanitario vaya a la atención primaria, mientras actualmente está estancada en el 13%, lo que contrasta con el incremento para la atención hospitalaria. No es exagerado reclamar un incremento del 1% anual para atención primaria en la actual legislatura. Sin un incremento presupuestario no se pueden abordar la actualización de las plantillas, la incentivación de los profesionales que deben cubrir destinos más alejados de las ciudades o la ampliación de servicios que contribuya a descargar las listas de espera. Seguimos apostando por la sanidad pública y por la atención primaria pero cuidémosla, no solo para que puede cumplir su misión sino también para mantener la sostenibilidad del conjunto del sistema sanitario. Los hechos, no las palabras, son lo determinante.

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