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Opinión

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La letra pequeña de los ODS

Por
  • Francisco A. Comín
ACTUALIZADA 23/12/2019 A LAS 02:00
Raisting (Germany), 19/12/2019.- Fog rises in front of the Alps near Seefeld, Bavaria, Germany, 19 December 2019. The higher altitudes of the Bavarian Alps are expected to recieve fresh snow as authroties pridict preciptation and tempritures to stay under zero degreese Celsius. (Alemania) EFE/EPA/LUKAS BARTH-TUTTAS Snow and cold weather predicted of Bavarian Alps
Los ODS comprometen también a respetar el medio ambiente y la biodiversidad.
Lukas Barth-Tuttas / Efe

Se habla y se hace propaganda de forma insistente sobre los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) como guía para el desarrollo hasta el año 2030. Esto es bueno, porque nunca el conjunto de la sociedad humana tuvo unas metas tan encomiables. Porque muy loable es desear el fin de la pobreza y del hambre en el mundo, la salud y el bienestar de las personas, agua y saneamiento para todos, y así los 17 grandes enunciados de los ODS. Pero es conveniente leer con detenimiento la letra pequeña, las 169 metas o compromisos que subyacen a los ODS. Porque si no nos aplicamos a conseguir compromisos concretos, cuantificables, estaremos contribuyendo a un nuevo fracaso de una iniciativa más de la ONU; contribuyendo al fracaso más que al éxito de una Agenda que algunos quieren hacer propia y otros reconocerla como el fundamento de su responsabilidad social. No hay que olvidar que estos ODS sucedieron a los 8 Objetivos del Milenio y sus 18 metas del periodo 2000-2015, que se cumplieron muy poco.

Los 17 ODS son generalidades atractivas. Las 169 metas, la letra pequeña de los ODS, son compromisos, muchos concretos y a plazo fijo. Por ejemplo la 1.2, reducir al menos a la mitad la proporción de personas pobres para el 2030, erradicar la pobreza extrema para todos y en todo el mundo, medida como las personas que viven con menos de 1,25 dólares al día, compromete a mejorar la vida de los 800 millones de personas más pobres del mundo; la 3.6, reducir a la mitad el número de muertos y heridos por accidentes de tráfico, obliga con políticas eficientes de movilidad e infraestructuras; la 5.2, eliminar toda forma de violencia contra las mujeres y niñas en la vida pública y privada, incluyendo la explotación sexual y otros tipos de explotación, requiere compromiso y acción continuada; la 6.2, lograr en el 2030 acceso a sanidad e higiene adecuadas y equitativas para todos, especialmente a quien está en situación vulnerable, es una meta muy deseable pero difícil de conseguir. Al igual que parte de la 6.3, en el 2030 haber reducido a la mitad la proporción de agua residual no tratada. Y no digamos la 8.6, en el 2020 haber reducido sustancialmente la proporción de jóvenes sin empleo, educación o formación. Entre las metas de los ODS se incluyen compromisos concretos para el 2030 e incluso para el 2020 relativos a frenar el cambio climático y a conservar y mejorar la biodiversidad, y metas más generales sobre la promoción de la investigación y el desarrollo en países desfavorecidos, con mención explícita a África.

Es claro que muchas metas no se conseguirán. Es imposible porque no están bien establecidas en cuanto a los plazos en alcanzarlas, porque los procesos socio-económicos, administrativos y ecológicos necesitan tiempo para tener resultados a la escala que se plantean en los ODS. Pero es bueno ponerse grandes metas, tratar de conseguir lo máximo posible y revisar lo conseguido y aprendido para establecer nuevas metas. Así es el progreso. 

Conviene destacar que los ODS y sus metas son globales. Lógicamente, surgen de la ONU con compromiso para todos los estados miembros. Y que, antes que nada, las metas y la forma de conseguirlas han de respetar la carta de las Naciones Unidas, donde se establecen los principios de respeto a los derechos humanos esencialmente. Pero también es muy importante y relevante respecto al ODS 17 que establece la promoción de alianzas a todos los niveles, saber que el desarrollo no es sostenible si las alianzas entre entidades a cualquier nivel lo son en detrimento de terceros o sin respetar los derechos de otros, como podría ocurrir si, aun cumpliendo con muchas de las metas señaladas, se estuvieran explotando recursos de países, pueblos o grupos sin tenerlos en cuenta. Especialmente si existen resoluciones de la misma ONU reconociendo esos derechos. La grandeza de los ODS es que son globales, están planteados para alcanzar a todo el mundo, disminuyendo las desigualdades y favoreciendo a los más desfavorecidos, y así debería ser para toda nación u organización social o económica que quiera adquirir la responsabilidad de contribuir a los ODS. Por todo ello es conveniente leer la letra pequeña, el preámbulo, la declaración, los principios inspiradores, y las metas o compromisos de los ODS. 

Francisco A. Comín es profesor de Investigación (CSIC) y miembro del Comité Directivo International Sustainable Development Research Society

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