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Opinión

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Un mandato para el 'brexit'

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 13/12/2019 A LAS 11:45
Britain's Prime Minister Boris Johnson speaks during a Conservative Party event following the results of the general election in London, Britain, December 13, 2019. REUTERS/Dylan Martinez [[[REUTERS VOCENTO]]] BRITAIN-ELECTION/
Boris Johnson habla después de conocer los resultados electorales.
Dylan Martínez / Reuters

La clara victoria de Boris Johnson y del Partido Conservador, en las elecciones del Reino Unido, tiene la virtud de que conseguirá desbloquear la cuestión del ‘brexit’ y de que permitirá formar un gobierno con capacidad de maniobra. Pero la trayectoria populista de Johnson no es de por sí tranquilizadora y, además, el país continúa polarizado por el debate sobre la salida de la UE y habrá de enfrentarse, tras el auge del nacionalismo escocés, a nuevas tensiones territoriales.

Los conservadores cosecharon ayer un triunfo resonante, con más de 360 diputados, sobre los 650 de la Cámara de los Comunes, obtienen una mayoría absoluta como no recordaban desde los tiempos de Margaret Thatcher, en los años ochenta. Gran parte de esa victoria hay que ponerla en la cuenta de Johnson, por su insistencia en verificar el ‘brexit’ a cualquier precio. De manera que resulta evidente que el primer ministro tiene ahora un mandato claro para ejecutar la retirada de la UE antes del 31 de enero, y que cuenta además con autoridad política para conseguir el apoyo parlamentario que precise. Lo que resultará positivo, pues, aunque la salida del Reino Unido es, objetivamente, perjudicial para ese país y para los demás de la Unión, era mucho peor seguir alargando una situación de espera indefinida

Si histórica ha sido la victoria de los ‘tories’, no menos dramática ha sido la derrota del Partido Laborista, la peor que sufre desde 1935 y perdiendo no pocos de su feudos tradicionales. El extremismo económico de Jeremy Corbin y su ambigüedad sobre el ‘brexit’ le han pasado factura al laborismo, que tiene que abrir desde hoy mismo una nueva etapa. Pero Johnson va a gobernar un país profundamente dividido y polarizado y los cimientos de cuyas instituciones se han visto sacudidos en los últimos años por la polémica europea. Por añadidura, tendrá que hacer frente a nuevas demandas del separatismo escocés, que sube en las elecciones y que recoge también el descontento de Escocia con el ‘brexit’. La trayectoria de Johnson lo ha mostrado hasta ahora más como un demagogo populista que como un hombre de Estado. Si quiere restañar las heridas de la sociedad británica y conducirla con éxito por tiempos que serán difíciles tendrá que cambiar radicalmente sus modos y actitudes.

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