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Opinión

la rotonda

Abrazo a Teruel

ACTUALIZADA 15/11/2019 A LAS 02:00
Combo de imágenes de Guitarte, durante la presentación del programa de Teruel Existe (izquierda) y de la firma del preacuerdo de Sánchez e Iglesias
Guitarte, durante la presentación del programa de Teruel Existe (izquierda) y el preacuerdo de Sánchez e Iglesias
Efe

Tras el abrazo del martes, todo apunta a que esta vez puede haber Gobierno. Lo que no sabemos aún es qué costes y beneficios tendrá. Sí se puede hacer una estimación de daños de tanta política tacticista como hemos sufrido para llegar hasta aquí.

El primero, la radicalización del Parlamento, con menos centrismo y más extremismo. Si los politólogos afirman que cuando más progresa una sociedad es cuando la mayoría oscila en posiciones políticas de 4 a 6, ahora tenemos un arco con más peso en los extremos.

Sin duda, la falta de capacidad para el acuerdo se paga. A los electores, que hacemos frente a nuestras obligaciones cada día, con sus sabores y sinsabores, nos repele que nuestros representantes hayan estado durante tanto tiempo sin hacer frente a las suyas. Y la primera era entenderse. Así, los partidos que pudieron y no lo hicieron han perdido posición, con el descalabro de Ciudadanos como víctima principal: en su mano estaba la opción socialmente más aceptada, una partida que no jugó y que ha devenido en fracaso para ellos… y para todos.

Ese castigo ha sido determinante para que los siguientes en ser señalados por los votantes, PSOE y Unidas Podemos, que se han dejado entre ambos más de un millón de votos, se hayan precipitado para alcanzar un principio de acuerdo, no fuéramos a volver a las urnas y ser ellos los damnificados. Y así van a intentar formar un gobierno tras acumular, entre los ejecutivos de Mariano Rajoy y de Pedro Sánchez, más de 500 días de mandatos en funciones.

En el otro lado del arco, el PP no ha rentabilizado tanto como deseaba esta segunda vuelta electoral: la naturalidad que ha conferido a Vox como apoyo de sus gobiernos ha conducido a una parte de sus potenciales votantes a irse al extremo. Ahora tiene la oportunidad de ser referente de una oposición serena, más allá de lo que griten sus vecinos, y de que nuestro sistema recupere la posibilidad de una alternativa de gobierno real. Vox no va a ser un colindante cómodo, pero ya hemos vivido otras eclosiones de patadas en el tablero.

Se atribuye a Bismarck la frase que dice que "España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentando destruirlo y no lo han conseguido". No iremos a hacerlo ahora…

Gobierno y oposición, azuzados por los extremos y la fuerza disolvente del secesionismo, inician una nueva etapa en la que tenemos un Parlamento con diecinueve fuerzas políticas. Es lo que hemos votado, con ¡Teruel existe! incluida.

No deja de ser curioso que, ante esta hiperrepresentación, a la nuestra se le achaque ser exponente del viejo cantonalismo, y haya voces que lamenten que pueda generar imitadores, hasta convertir la política en una guerra decimonónica entre provincias.

Ante tamaña importancia de Teruel en el devenir de la gobernanza española, lo que deberíamos preguntarnos es qué hemos hecho para que un movimiento social, en un territorio pequeño, en su primer lance electoral, se convierta en primera fuerza en numerosos municipios, con la capital a la cabeza.

¡Teruel existe!, que suma diversidad ideológica y socioeconómica y atesora dos décadas de trabajo y coherencia, es otra manera de responder a la mala política: la lacerante desigualdad entre territorios –con los consabidos privilegios para los que más pueden exigir y que nunca tienen suficiente–, el oportunismo, los partidos cerrados y, en definitiva, la falta de verdad.

Pedro Sánchez va a tener que emplearse a fondo para revertir esta encrucijada y que los ‘terueles’ de España se sientan abrazados. En sus dieciocho meses de gobierno y tras sucesivas candidaturas, ha dicho tantas cosas, en sentido tan opuesto, que no le resultará fácil convencernos de que ahora va a conseguir gobernar y, además, lo va a hacer para todos.

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