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La lección de la dimisión de Rivera

Por
  • Heraldo de Aragón
ACTUALIZADA 12/11/2019 A LAS 02:00
Comparecencia de Albert Rivera este lunes
Comparecencia de Albert Rivera este lunes
Efe

La renuncia de Albert Rivera a seguir liderando su partido, Ciudadanos, después del calamitoso resultado en las urnas, es una respuesta sensata y responsable al castigo que le han infligido los electores en una nueva demostración de que los votantes exigen responsabilidad a sus políticos. Sánchez y Casado, como cabezas de las mayores fuerzas constitucionalistas, deben aprender la lección y articular un mecanismo para poner en marcha un Gobierno que haga frente a los retos del país sin necesidad de contar con la capacidad política de los extremos. 

Rivera supo aprovechar hace cuatro años la oportunidad de convertirse en líder de un centro liberal y regeneracionista, pero dilapidó el gran caudal de votos recibido en abril al poner sus intereses por encima de los del país. Al final, las urnas le han castigado con dureza por haberse mostrado inútil para la gobernabilidad. Esta es una lección que deben asimilar el resto de los cabezas de lista de los partidos. Los españoles han dicho a través de sus votos que no quieren mayorías absolutas ni vetos, sino transversalidad para forjar cuanto antes un Gobierno, que prefieren la negociación y el pacto para encontrar soluciones a los problemas, que priorizan los partidos moderados sobre los extremistas y nacionalistas. Con estos mimbres, Pedro Sánchez, que vuelve a ser el candidato con mayor respaldo electoral, debe ponerse manos a la obra inmediatamente para pactar un programa que permita poner en marcha la legislatura. El PSOE ya ha anunciado que no va a apostar por un Gobierno de gran coalición con el PP, pero caben otras fórmulas de entendimiento con un planteamiento pragmático y realista, como cuando el PSOE se abstuvo para que gobernase Mariano Rajoy en octubre de 2016. Con responsabilidad institucional, todas las fuerzas constitucionalistas deben sentarse a negociar para facilitar que el Parlamento pueda investir a un candidato. Si Sánchez y Casado no actúan con lealtad al electorado corren el riesgo de que les ocurra lo mismo que a Rivera.

Se vislumbran cinco escenarios: de una nueva repetición electoral nadie quiere ni hablar por ahora; el segundo, una gran coalición similar a la alemana, ha sido descartado por el PSOE; el tercero, un pacto de los socialistas con Podemos, independentistas y nacionalistas parece inverosímil a día de hoy; el cuarto, un acuerdo transversal del PSOE con Podemos y Ciudadanos, al que se sumasen el PNV y otros pequeños partidos; y el quinto, el más factible, una abstención generalizada que permitiera a Sánchez formar un consejo de ministros monocolor y adoptar luego una geometría variable de cara a aprobar los Presupuestos y algunas reformas inaplazables. Con esta última opción se daría cierta estabilidad al país, aunque fuera en una legislatura corta.

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