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Temas de campaña

ACTUALIZADA 27/10/2019 A LAS 02:00
La exhumación de Franco, en imágenes
La exhumación de Franco, en imágenes
Agencias

La campaña electoral debería abordar, al margen del problema del independentismo catalán o el traslado de los restos de Franco, otras muchas cuestiones de las ya que estamos siendo advertidos como, por ejemplo, los desalentadores datos de la EPA.

Arropada por una declaración institucional del presidente del Gobierno y por la retransmisión en directo del operativo, que por momentos evocaba equívocamente a algo más que a una exhumación con una acordada presencia en exclusiva de los familiares, la salida de Franco del Valle de los Caídos se ha colado en la precampaña. Desde miradas bien distintas, pero coincidentes en cada franquista nostálgico y descabalgado en el tiempo que saludaba con el brazo en alto la llegada del féretro del dictador al cementerio de Mingorrubio, el traslado de Franco concedió al PSOE el protagonismo en el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y a Vox la oportunidad de cargar contra PP y Ciudadanos al acusarles de guardar un «silencio cómplice».

El traslado de los restos de Franco, un hecho que tiene que ser entendido desde la normalidad democrática y que no debería ser motivo de aprovechamiento partidista, en especial tras la aprobación sin ningún voto en contra de la proposición no de ley de 2017 en la que se instaba a la exhumación, sí que ha aliviado, al menos por un par de días, la tensión que sufre el Gobierno por el conflicto catalán. Instalado en su firmeza prudente, Sánchez busca concentrar el voto del centro izquierda confiando en que las muchas torpezas de Joaquim Torra le ayuden a recuperarse en las encuestas. La inconsistencia política del president, que nunca defrauda, sirvió para que la pasada semana lanzase, sin consenso y en solitario, una propuesta de celebración de un nuevo referéndum que molestó hasta a sus socios independentistas. La extemporánea idea, en cualquier caso, actuó como germen para que JxCat, ERC y la CUP se pusieran de acuerdo para desafiar al Constitucional y redactar una propuesta de resolución que vuelve a insistir en la autodeterminación. Este movimiento, al que se añade el documento firmado el viernes por varios partidos soberanistas, que no suscribió ni el PNV ni Compromís y que respalda la autodeterminación, calienta aún más el juego de las llamadas sin respuesta en el que Torra y Sánchez están inmersos.

Aunque el PSOE no convocó estas elecciones con forma de una segunda vuelta para repetir o empeorar sus resultados, los datos de las encuestas señalan que solo una repentina activación del voto útil puede hacer que superen la barrera de los 123 diputados. La supuesta caída de Albert Rivera y el ascenso de Pablo Casado, que al menos en Cataluña tiene mucho que ver con la desaparición política de Inés Arrimadas y el ascenso de Cayetana Álvarez de Toledo, están siendo construidos sobre la teoría de que buena parte del voto naranja regresa al PP y no al PSOE.

Esta atípica campaña electoral, con tan solo una semana de duración, periodo de tiempo en el que veremos concentrados desde agresivos debates televisivos hasta apuradas encuestas de intención de voto, quedará anclada, más que en la salida de Franco del Valle de los Caídos, en la sentencia del ‘procés’ y en sus actuales consecuencias. Poco importarán los preocupantes datos de la Encuesta de Población Activa, los peores desde 2012, o el tirón de orejas de la Comisión Europea al Gobierno por unos presupuestos que se desvían significativamente de los objetivos fijados.

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