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Opinión

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Cataluña y País Vasco, el mismo problema

ACTUALIZADA 27/10/2019 A LAS 02:00
El presidente de la Generalitat catalana, Quim Torra, se ha reunido hoy en el Palau de la Generalitat, en Barcelona, con cientos de alcaldes independentistas de toda Cataluña. Una imagen de unidad con la que quieren escenificar su rechazo a las condenas en el juicio del ‘procés’. Y ha alertado de que “lo volveremos a hacer”. Además ha pedido, en inglés, diálogo con el Gobierno central.
Quim Torra, ayer, con cientos de alcaldes independentistas de Cataluña.

La fuerza de una sola imagen reveló el problema del secesionismo catalán en toda su dimensión. No, no fueron las barricadas, los contenedores y vehículos quemados, los policías agredidos, el espectáculo dantesco de una postal del peor Beirut en una noche de otoño en Barcelona. Lo más terrible lo recogió la fotografía de los sanitarios –que tenían la obligación de atender a los heridos de la infame ‘kale borroka’– en el acceso a uno de los hospitales reclamando la libertad de los que llaman presos políticos. Aunque uno se frotara los ojos, allí permanecían médicos y enfermeras despidiendo al presidente del Gobierno tras su visita al centro entre abucheos y con lazos amarillos. Una actitud que destiló un curioso sentido antropológico, un disparate vestido de democracia secesionista. Se trató de la victoria de la astracanada, la trasmutación de la realidad, la invasión del nacionalismo hasta en el gotero del policía convaleciente, mientras la mayor parte de la sociedad, la que ni quema ni destruye, se escondió detrás de las persianas bajadas, como tantos años lo hizo en el País Vasco. Hemos avanzado tan poco que más bien retrocedemos.

Jordi Pujol reclamó la hacienda propia, el cupo vasco y el convenio económico de Navarra desde los años ochenta y de forma ininterrumpida hasta que se destapó su integridad política. A cambio, acumuló a una con la propia Comunidad vasca una serie completa de competencias que se negaron al resto de las regiones. Desde la conexión con la eterna reclamación del acceso a los derechos históricos, Cataluña y el País Vasco se retroalimentaron desde la hegemonía nacionalista con una estrategia común de desgaste a Madrid, sin pausa, que terminaba con una cifra en los presupuestos del Estado, gobernara González, Aznar, Zapatero o Rajoy. Y por la vía de la amenaza a la unidad de España se articuló también la reclamación de la independencia, con violencia asesina en el País Vasco y con la reforma del Estatuto desde Cataluña. Cuarenta años después, Torra vuelve a desafiar al Estado con otra proclamación de la vía unilateral mientras Urkullu cocina una reforma de la carta vasca que quiere incluir la autodeterminación. Todo está conectado. Y no solo la ‘kale borroka’.

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