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Opinión

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Una cueva en la montaña

ACTUALIZADA 25/10/2019 A LAS 02:00
The Valle de los Caidos (The Valley of the Fallen), the state mausoleum where late Spanish dictator Francisco Franco is buried, is seen at dusk in San Lorenzo de El Escorial in this picture taken from Guadarrama, near Madrid, Spain, October 24, 2019. REUTERS/Sergio Perez [[[REUTERS VOCENTO]]] SPAIN-POLITICS/FRANCO
Vista del Valle de los Caídos.
Sergio Pérez / Reuters

No deja de tener su ironía que el desentierro de los restos de Franco y su traslado a una tumba menos aparatosa coincida con el resurgir de la extrema derecha en España. Y hasta quizás le sirva de impulso. Durante cuarenta años, la extrema derecha, a diferencia de lo que ocurría en otros lugares de Europa, ha sido en nuestro país políticamente irrelevante. Y la nostalgia del franquismo, si es que existía, tan difusa que apenas resultaba perceptible. Pero algunos se han empeñado en resucitar al enemigo por antonomasia. Y están deseosos de conseguir, a deshora, victorias que hoy no significan mayor hazaña, aunque sí consumen energías políticas que quizá estarían mejor empleadas en otras empresas. El Valle de los Caídos es un compendio perfecto de la ideología nacionalcatólica del franquismo: alegorías religiosas y patrióticas construidas sobre los huesos de los muertos de la guerra civil, coronadas por una cruz gigantesca y con el caudillo salvador en el centro. Y oculto todo ello en una cueva perdida en la montaña, estupenda metáfora de la cerrazón y el aislamiento de aquel régimen, al menos en sus inicios. En ese sentido, puede ser una herramienta didáctica interesante. Lo que resulta discutible es que la presencia allí de la tumba de Franco haya supuesto un homenaje permanente al dictador. Entre otras cosas, porque las claves estéticas de la construcción resultan anacrónicas y el espectador común no las reconoce como propias. Más que grandeza y dignidad, transmite una sensación de aplastamiento y de fealdad. Lo que no le resta valor como testimonio de una época. En fin, que quienes se han lanzado a revivir el espectro de Franco puede que lo estén consiguiendo; con no poca ayuda del separatismo montaraz. Pero tal vez no haya que inquietarse demasiado. En primer lugar, porque, como ayer dijo Sánchez, la España de hoy es muy distinta de la de aquel tiempo. Y además, porque, como señaló Marx, aunque la historia se repite dos veces, la segunda es farsa y no tragedia.

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