Despliega el menú
Opinión

la firma

Un gramo de radio

ACTUALIZADA 23/10/2019 A LAS 12:34
Abhijit Banerjee, Michael Kremer y Esther Duflo.
Abhijit Banerjee, Michael Kremer y Esther Duflo.
EFE

La pobreza siempre ha estado entre nosotros pero podemos llegar a entenderla y así acabar con ella. Nuestra ambición en J-PAL (el laboratorio que fundó y dirige en el MIT de Boston) para nada es modesta, es cambiar el mundo. Queremos cambiar en profundidad la vida de los más pobres, proporcionando a quienes toman las decisiones políticas los medios que permitan inventar y elegir las políticas más eficaces para ayudarlos a superar sus problemas». Es parte del discurso que Esther Duflo leyó al recibir el Premio Princesa de Asturias en 2015. Me impactaron sus palabras y deseaba conocer sus propuestas, las encontré detalladas en su libro ‘Repensar la pobreza’, donde aborda la realidad de la pobreza desde el terreno. Apoyándose en observaciones, entrevistas y experimentos locales, desde el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab, el J-PAL, recorren vidas privadas e instituciones buscando la manera de entender, primero, y de mitigar, después, algo tan complejo como la pobreza. Consideran que si la investigación científica dedica tiempo y recursos a probar cosas que no funcionan hasta que funcionan, ellos deben hacerlo en la lucha contra la pobreza. Para ello trabajan con colaboradores locales sobre el terreno para identificar ese tipo de barreras, entender mejor por qué los pobres toman las opciones que toman, y contribuir a inventar soluciones a esos problemas.

Uno de los experimentos que más me impactó al leerlos es cómo se podía reducir el absentismo escolar: «Lo más efectivo y más barato para que más niños vayan a la escuela es darles una pastilla que les quite los parásitos intestinales». Debemos conocer que unos 600 millones de niños en edad escolar están infectados con algún tipo de lombriz, según la Organización Mundial de la Salud. Sin el tratamiento adecuado, estos parásitos limitan la absorción de micronutrientes. Los niños simplemente están muy cansados para ir al colegio. Curarlos puede reducir el absentismo en un 25% e incrementar sus ingresos en el futuro. La idea convenció al Gobierno de India: 140 millones de niños fueron tratados en las escuelas. Como ella señala, «hay muchos fracasos y algunos éxitos pero cada experimento nos enseña algo más sobre la naturaleza de la pobreza y nos ayuda a avanzar y a aprender».

Dado que la pobreza adopta múltiples formas y su persistencia se debe a múltiples causas, ser pobre es tener menos información, menos posibilidades de elegir su propia trayectoria y, también, menos protección contra los propios errores. Todas estas barreras pueden convertirse en trampas en las que los pobres quedan encerrados. Entenderlas permite abrirlas, mediante intervenciones bien elegidas.

Otro ejemplo para comprender sus propuestas es el desarrollado en Kenia. La formación del profesorado sobre el sida, su mecanismo de transmisión y las estrategias de protección, conjuntamente con la distribución de uniformes gratis al alumnado, se ha constatado como estrategia adecuada para reducir el número de contagios. Para ello es necesario abandonar el sofá y acudir al terreno. Les confieso que en él los ojos se abren de tal manera que no puedes olvidar jamás lo que has vivido. Para ellos, la única forma de saber qué hace falta, cómo y cuándo es verlo en la práctica. Y por eso han pasado buena parte de sus carreras en África o en India. No hay receta mágica, y lo que vale en Sri Lanka puede fracasar en Nigeria. Hay elementos políticos, culturales, económicos, geográficos. Todo pesa y todo debe ser calibrado.

Esther Duflo señala: «El problema de la pobreza no se va a resolver de inmediato. Pero si así lo aceptamos, tenemos todo el tiempo por delante. Si accedemos a cambiar las ideas preconcebidas por una auténtica reflexión; a escuchar lo que los pobres tienen que decirnos; a someter cada idea –incluso las que parecen obvias– a pruebas rigurosas, podremos, poco a poco, construir una caja de herramientas de políticas públicas eficaces y también, quizás, entender mejor la condición humana».

En la rueda de prensa desde Estocolmo, tras la concesión del Premio Nobel de Economía 2019 a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer, por sus contribuciones y su «enfoque experimental para aliviar la pobreza mundial», le preguntaron qué iba a hacer con el dinero del premio. Recordando y homenajeando a Marie Curie, la primera mujer premio Nobel, que compró un gramo de radio para seguir investigando, Esther Duflo contestó: «Tendremos que averiguar cuál puede ser nuestro gramo de radio».

Etiquetas