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Opinión

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¿Qué futuro quiere Zaragoza?

ACTUALIZADA 12/10/2019 A LAS 02:00
Una vista de Zaragoza.
Una vista de Zaragoza.
Aránzazu Navarro

La capital aragonesa cuenta con relevantes capacidades económicas: automoción, agroindustria, logística… Pero la robotización, la inteligencia artificial y la competencia de Asia y África limitan estos sectores. Por eso el futuro de la ciudad depende de que amplíe el número de polos de desarrollo. Y ahí destacan oportunidades ligadas a dos nuevos parámetros sociales. Primero, las energías renovables. Segundo, el crecimiento del sector de población compuesto por mayores y jubilados; un colectivo sin cargas laborales, pero con muchos años de vida por delante y con medios para disfrutarlos en un entorno acogedor, seguro y enriquecedor. 

Para ser una urbe más atractiva, Zaragoza necesita seguir mejorando el sistema sanitario, la seguridad pública, la política fiscal, la agilidad de las administraciones y el sistema de comunicaciones, tanto físicas como digitales. Sobre todo esto habría que situar el objetivo de desarrollarse como un referente cultural. Sabido es que la era post-industrial se basa en la transición de una sociedad de acumulación a una sociedad de calidad de vida. 

A Zaragoza le interesa desplegar sus capacidades culturales como nunca antes lo ha hecho. La ciudad debe explicarse y proyectarse a través de la literatura, el patrimonio bimilenario, el cine, el teatro, las artes plásticas, la música, la danza, el diseño, la publicidad… Como decía Lefebvre, la ciudad es una gran máquina de posibilidades. Para eso tiene que aprovechar la senda abierta por sus escritores, artistas, creadores y la industria cultural. Dispone de grandes grupos editoriales (Edelvives) y sellos más pequeños pero de enorme calidad (desde Xordica a Olifante pasando por muchos otros); también de empresas de comunicación y de producción audiovisual. Que vaya a ser anfitriona en 2020 del Congreso Mundial de Periódicos debe ser un estímulo.

Aragón también es cine, pasado y presente del séptimo arte. Debe explotar el tirón internacional de figuras como Luis Buñuel o Carlos Saura. Tampoco debería desaprovechar su potencial como plataforma expositiva, teatral, musical, de danza… ¿Por qué no comunicar cada semana de forma conjunta, a través de todos los canales y hacia todos los destinos, la oferta cultural completa que está disponible? 

Hay que contar con un mayor número de grandes exposiciones, atractivas tanto para el espectador local como para el turista nacional e internacional. No solo Madrid o Barcelona, también otras ciudades como Bilbao o Málaga la están adelantando en este terreno. 

Goya sigue siendo la asignatura pendiente. Para figurar en la primera liga de las metrópolis culturales, la oferta zaragozana debe ser más competitiva, combinando investigación con divulgación de alto nivel. Quizás fuera interesante organizar, a semejanza del Paseo del Arte madrileño, un recorrido serpenteante que llevase desde el Museo de Zaragoza a la Aljafería pasando por el Patio de la Infanta, el Paraninfo, el Museo Pablo Serrano, el Pignatelli y el Caixaforum.

La capital del valle del Ebro cuenta con magníficos departamentos universitarios, ferias, premios y foros profesionales. Su atractivo como ciudad de congresos sigue siendo amplio. Sería útil desarrollar el potencial ferial en el campo de las industrias culturales, así como utilizar medidas fiscales y urbanísticas para favorecer el negocio cultural de proximidad: librerías, galerías de arte, salas de conciertos... 

La guinda de toda esta oferta cultural debe ponerla la gastronomía. La urbe está en el epicentro de las mejores huertas de España. Por ello debería constituirse como un destino culinario de referencia apostando por la cocina como símbolo de salud y compromiso con lo natural y próximo. Hay mucho por hacer. Por ejemplo, si la fábrica de cerveza Guinness es la atracción más visitada de Dublín, ¿por qué no utilizar como reclamo el Museo de La Zaragozana?

La ciudad no ha conseguido hacer (¿todavía?) del Pabellón Puente de Zaha Hadid su seña de identidad vanguardista. Pero puede invertir en dar el mayor lustre al Casco Antiguo, en una mezcla muy atractiva de patrimonio histórico, urbanismo sostenible y restauración. Hacen falta más cocineros de talento para constituir un consorcio alimentario de primera magnitud junto al Mercazaragoza y las ferias agroalimentarias, entre las más importantes de Europa.

El AVE ha colocado a Zaragoza en el epicentro de la España rica. Pero la sociedad de la alta velocidad obliga a las urbes a reaccionar sin demora para explotar sus ventajas. Y no se trata tanto de tener ideas muy originales, como de tener voluntad política para acometerlas. Berlín, por ejemplo, lo ha hecho con una clara apuesta por la cultura como elemento dinamizador. ¿Quiere Zaragoza? 

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